el tratamiento de La Crisis eclesial
Entrevista con José Ignacio González-Faus:
El teólogo José Ignacio González-Faus ofrece una
conferencia sobre justicia social en el Centro de Profesores
y Recursos de Badajoz. El jesuita es profesor emérito de la
Facultad de Teología de Cataluña, responsable del área
teológica del centro de estudios ‘Cristianismo y Justicia’ y
autor de numerosos libros sobre Iglesia y cristología.
Se culpa a la Iglesia de la falta de feligreses en los
templos, ¿qué se puede reprochar al Vaticano?-
Así a lo bestia, dije una vez que la curia romana había
hecho más ateos que Marx, Freud y Nietzsche juntos. Lo
innegable es que muchos hombres se alejan de ella y que,
incluso si más tarde se sienten vacíos y quieren buscar, dan
por descontado que habrán de buscar fuera de la Iglesia.
Los puntos débiles de la Iglesia actual son muchos, y he
dicho a veces que es la cruz de mi fe, aunque intento
llevarla con garbo. La veo incapaz de comprender lo positivo
del mundo moderno y sus dirigentes añoran poder solucionar
los problemas a base de poder. No me parece evangélico que
el papa sea jefe de estado, ni el modo de nombrar a dedo de
los obispos ni los “príncipes de la Iglesia”. Cuando no
había democracia, eran elegidos democráticamente a partir de
las comunidades locales. También es innegable que la mujer
no ocupa en la Iglesia el lugar que merece.
¿Por dónde habría que empezar para remediar estos males?
No es cuestión de recetas. La Iglesia tiene que
replantearse muchas cosas. Debía empezar reconociendo que
está en crisis. De lo cual todos tenemos un poco de culpa. A
partir de ahí habría que ver cómo y por dónde se puede
caminar. Comenzando por no excluir como herejes a quienes
piensan distinto. Algo sencillo por lo que se podría empezar
es el lenguaje. No se pueden mantener las palabras
anticuadas de la liturgia. No se entienden o suscitan
imágenes contrarias a lo que en su origen se quería
expresar.
Usted no se muerde la lengua y no duda en sacar los colores
a la Iglesia. ¿Cómo encajan sus críticas?
Ratzinger tiene un artículo ya clásico en el que dijo que
si hoy no se critica a la Iglesia tanto como se la criticaba
en la edad media, no es porque se la ame más, sino porque
falta ese amor que es capaz de arriesgar la propia suerte o
la propia carrera por la amada.
Y yo tengo un libro sobre la libertad de palabra en la
Iglesia que es sólo una antología de textos de santos,
obispos y cardenales, mucho más duros algunos que las cosas
que se dicen hoy.
También es normal que eso no guste a las autoridades y que
de vez en cuando te venga algún palo o toque de atención “de
arriba”. Y lo que siento es que no me vienen a mí sino que
las paga mi provincial, lo cual no está bien. Pero bueno, no
hay parto sin dolor. Y como dijo santa Teresa: la verdad
padece, mas no perece.
¿Cómo explica el surgimiento de movimientos ciudadanos como
Redes Cristianas, críticos con la jerarquía eclesiástica?
Supongo que obedecen a dos razones. Una es la necesidad de
vivir la fe en comunidad porque no pueden vivirla
aisladamente, y menos cuando el ambiente social no acompaña.
Son también formas de ejercer la responsabilidad de los
laicos ante la crisis actual de la Iglesia, cuando la
institución va por caminos que muchos ven como contrarios al
Evangelio. Porque todos somos iglesia y todos somos
responsables de ella.
En España se profesan cada más creencias religiosas, hemos
dejado de ser un país eminentemente católico.
España se ha descristianizado de una manera traumática.
Quizá por eso domina una agresividad que, aunque sea
comprensible, tampoco es justificable. No se pueden tomar
los escándalos de la Iglesia para arremeter contra el
cristianismo en bloque. Berdiaeff decía que una cosa es la
dignidad del cristianismo y otra la indignidad de los
cristianos.
¿Cómo se logra una convivencia pacífica entre distintos
credos?
La convivencia, el afecto y la colaboración entre
religiones es un imperativo. Y en la palabra religiones
incluyo ahora también al ateísmo. Los poderes públicos deben
ser neutrales y buscar la convivencia. En algunos sitios
como Cataluña hay muchas iniciativas bien positivas. Hay que
buscar el encuentro en lo que nos une como humanos. Debemos
buscar en el otro la mejor versión de su personalidad que es
lo que Dios nos pide a todos.
¿Estamos aprovechando la crisis para recuperar valores
perdidos?
Decididamente no. Hemos dejado pasar una gran oportunidad
para replantear los elementos injustos e irracionales de
nuestro sistema económico. Esta crisis solo ha servido para
ayudar a los que la provocaron, pero no a las verdaderas
víctimas. Todos hemos sido cómplices del sistema, drogados
como estamos por el consumo. Esto ha sido un paso más hacia
el desmantelamiento del estado del bienestar. La culpa la ha
tenido en parte la izquierda, que ha participado de ese
“socialismo asistencial” del reparto de subvenciones, en
lugar de ocuparse de hacer justicia social.
Ángela
Murillo
Hoy
(Extracto
de la entrevista)