CON LOS POBRES DE LA TIERRA
Varios ‘posts’
recientes de Vicente Romero
24 Oct 2010
CÓLERA Y MISERIA
No es el cólera la mayor amenaza para los haitianos sino
otra epidemia, más mortífera y con peor pronóstico: la
miseria, que en Haití adquiere carácter de pandemia y es
causa principal de todos los males que afligen a la
población del país más empobrecido de América.
El terremoto nos hizo conscientes de ella y produjo un
impulso solidario mundial. Sin embargo, diez meses
después, Haití solo ha recibido la cuarta parte de las
ayudas internacionales entonces acordadas.
Ha sido necesaria otra desgracia colectiva para que el
vergonzoso balance de la inconsecuencia de muchos
gobiernos salte a los periódicos y los telediarios. El
cólera de Haití tendría que desatar la cólera ciudadana
frente a las promesas incumplidas. Habría que exigir que
cuando se anuncie una ayuda humanitaria su cifra sea
considerada como una deuda adquirida, y que el impago
conlleve sanciones por parte de los organismos
financieros.
20 Oct 2010
LA POBREZA Y EL
PESCADO
La semana contra la pobreza sirvió para hacer algo de ruido
sobre un problema que debería de atormentar al conjunto
de nuestra sociedad. Sin embargo estuvo lejos de
constituir un clamor popular.
Parece que una inmensa mayoría de ciudadanos considera la
desigualdad y la miseria en el mundo como un problema
ajeno. Y en vez de gritos de indignación colectiva se
escucharon voces templadas.
Los periódicos publicaron textos suaves, con la mayor
corrección política, es decir, sin cuestionar a un
sistema económico internacional que fabrica hambre y
miseria como materias primas para el enriquecimiento de
minorías privilegiadas.
Los más lúcidos y radicales, como siempre, fueron los
humoristas. El editorial más esclarecedor, este dibujo
de El Roto en el diario El País:
Cuando se celebró el Día del Cooperante, una plataforma de
ONG realizó una encuesta sobre las formas de lucha
contra la pobreza y de ayuda al desarrollo. Algunas de
las respuestas más valoradas insistían en aquella vieja
e ingenua máxima de enseñar a pescar en vez de dar
pescado. Algo que, más allá de ser una declaración de
buenas intenciones, denota una posición de superioridad
moral y sirve para no tener que repartir con nadie el
pescado del que se apropian las grandes corporaciones
privadas, como eficaces tentáculos del mundo
enriquecido.
¿Enseñar a pescar? ¿A quien? No hay pueblos que no sepan
pescar, labrar, trabajar. La única lucha eficaz contra
el empobrecimiento empieza tomando conciencia de que nos
llevamos el pescado. Continúa pidiendo que el expolio
cese. Y finaliza devolviendo el pescado robado que nos
enriqueció a lo largo de años de latrocinio colonial y
libre comercio desigual.
Y ya que hablamos de pescado, baste un ejemplo: la costa de
Senegal no sabía lo que era el hambre gracias a la pesca
artesanal hasta que gigantescos buques frigoríficos
emprendieron el expolio de sus aguas. Reducidos a la
miseria, los antiguos pescadores utilizan ahora sus
cayucos para emigrar.
¿Quién se atreve a decir que tenemos que enseñarles a
pescar?
A pensar, ¿quién nos enseñará algún día?
16 Oct 2010
EL 'INFOESPECTÁCULO'
DE COPIAPÓ
(Desde Buenos Aires)
Los norteamericanos lo denominan infortainment, un horrible
palabro híbrido de information y entertainment. Suele
traducirse como infoespectáculo: la utilización de las
noticias como materia de diversión. Una de las
perversiones mayores y más frecuentes del periodismo
actual, que reduce un tema de actualidad a materia prima
para la fabricación de telebasura.
El tratamiento de la tragedia de los mineros en Chile
constituye el mejor ejemplo de infortainment,
perfeccionado al máximo y de masivo consumo mundial. La
realidad contada como una película, con todos los
elementos comerciales: tensión mantenida, angustia
creciente, variedad de tipos humanos, evolución
socialmente gratificante y final feliz. Pero no es solo
eso.
Porque, para garantizar el éxito mundial, los
distribuidores de esta superproducción de
infoespectáculo se han esforzado --siguiendo los usos de
Hollywood-- en depurar sus elementos políticamente más
inquietantes. Desde el principio tuvieron claro que la
tragedia sería más universal, conmovería a un público
consumidor más amplio, si se silenciaban o eliminaban
algunos datos polémicos.
Tres de ellos resultan fundamentales para una valoración
correcta de la situación vivida por los mineros
chilenos. Pero la regla básica del infortainment
establece que los espectadores no tienen que entender
sino limitarse a sentir. Y sus sentimientos deben de ser
elementales, sin turbiedades políticas. Sin embargo lo
más interesante de esta tragedia con final feliz está,
precisamente, en los elementos políticos que la
enturbian.
El primero es el contexto histórico de las luchas obreras
chilenas. Tras el golpe militar de septiembre de 1973,
Pinochet castigó duramente a los mineros, que habían
apoyado activamente a la Unidad Popular del derrocado
Salvador Allende.
La llamada caravana de la muerte, dirigida por el general
Sergio Arellano Stark, asesinó a 16 de sus 96 víctimas
en el mismo escenario del actual salvamento
retransmitido en directo. La dictadura militar privó a
los mineros de los derechos laborales que habían
conquistado, y permitió que las empresas endurecieran su
explotación, entre otras cosas empobreciendo las
condiciones de seguridad en el trabajo.
El segundo elemento silenciado por los medios
especializados en infoespectáculos es la historia
política de Luís Urzúa, el líder de los mineros tan
alabado por su templanza y coraje. Huérfano, su
padrastro --Benito Tapia, dirigente sindical y militante
socialista-- fue uno de los 16 presos políticos
asesinados en Copiapó por la caravana de la muerte. Eso
obligó a que Luís, muy joven todavía, tuviera que
trabajar para hacerse cargo de su madre y sus seis
hermanos. Así se forjó su carácter.
El tercer y último elemento es también de índole
político/familiar. Piñeira, el presidente chileno mil
veces fotografiado recibiendo a sus mineros rescatados,
no sólo es uno de los hombres más enriquecidos del mundo
(ocupa el puesto 433 en la lista de Forbes), sino que
pertenece a una familia muy significada entre la
oligarquía pinochetista. Y uno de sus hermanos, José
Piñera, fue el ministro de minería que, durante la
dictadura, se ocupó de desarrollar el marco regulador de
las explotaciones mineras y la privatización de los
yacimientos, además de mantener a raya a sus combativos
trabajadores.
Pero nada de eso interesa. Solo cuenta la emoción primaria
ante el regreso a la vida de 33 hombres atrapados bajo
tierra. No importa si su vida es una mala vida ni
quienes son los responsables de que así sea. ¡Que siga
el infoespectáculo, a la mayor gloria de los índices de
audiencia y las tarifas publicitarias.
Vicente Romero
http://blogs.rtve.es/vicenteromero/posts
Con
los pobres de la Tierra