HAITÍ: PEDIR PERDÓN
Dicen que Haití es un «Estado fallido», pero esto es una
forma de encubrir el verdadero problema. Haití no es un
Estado fallido, tiene una Constitución, un presidente, una
asamblea nacional, elecciones periódicas, etc. Haití tiene
todo lo que un Estado debe tener, todo menos recursos, es un
país empobrecido, el más empobrecido de toda América y de
los más empobrecidos del mundo.
Haití no ha sido arrasado por el terremoto, lo ha sido por
la pobreza y la injusticia acumulada tras muchos años de
colonización.
·
los hospitales no han desaparecido con el terremoto, no
había hospitales;
·
el hambre no es producida por el terremoto, antes de él, el
70% de la población no tenía dinero para comprar arroz y se
alimentaba con una galleta hecha de barro, –sí, barro– sal y
manteca, el hambre es anterior al terremoto;
·
las carreteras no han desaparecido con el terremoto, no
había carreteras;
·
las muertes sí, desgraciadamente han sido provocadas por el
terremoto y aterra ver montones de seres humanos
destrozados, pero la esperanza de vida de los haitianos es
de 57 años y la mortalidad infantil de las más altas del
mundo, lo que supone la muerte sistemática de centenares de
miles de personas sin necesidad de ninguna catástrofe.
Si los edificios y viviendas hubieran sido construidos como
lo son en nuestras ciudades, no estaríamos ante el desastre
que se ha producido, lo que nos lleva a decir que las
muertes no las ha provocado la naturaleza, ha sido nuestro
sistema de producción y consumo, el sistema neoliberal
capitalista administrado por la derecha o por la izquierda
que, con nuestro consentimiento, nos ha convertido en
satisfechos productores consumidores y nos ha dotado de unos
gobernantes que hacen lo imposible para no defraudarnos.
Respecto al despliegue realizado para ayudar a estos
hermanos nuestros, ¿qué decir? ¿Podemos darnos por
satisfechos con la ayuda que le estamos prestando? ¿Es
suficiente?
Lo primero que deberíamos haber hecho los ciudadanos, la
comunidad política y el gobierno, es pedirle perdón al
pueblo de Haití, y no lo hemos hecho. Pedir perdón significa
asumir responsabilidades, pero uno de los mecanismos
introducidos por nuestra cultura es el de la
irresponsabilidad personal y colectiva, nadie es responsable
de nada porque todo se debe a un problema físico, político,
económico, estratégico…, etc. que escapa a nuestra voluntad.
Pero esto es radicalmente falso, somos responsables y
tenemos que asumir nuestra responsabilidad como personas
libres y conscientes, como sociedad civil y como comunidad
política. Quizás esto es lo que quiso decir Monseñor Munilla
y no la barbaridad que dijo, pues la relación entre pecado
personal y pecado estructural que formulara Juan Pablo II
aparece como la principal causante de la situación que
padece Haití.
Pedir perdón significa también comprometerse a cambiar, a
poner las condiciones para que no haya más «Haitíes», a
reconocer la responsabilidad política en la redistribución
de la riqueza…
«Por tanto, se debe tener presente que separar la gestión
económica, a la que correspondería únicamente producir
riqueza, de la actividad política, que tendría el papel de
conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa
de graves desequilibrios» («Caritas in veritate», núm. 36).
Tan graves, que han provocado centenares de miles de muertos
en un momento, más los que siguen muriendo cada día en
cualquier lugar del mundo víctimas de la injusticia, y de
nuestra pasividad.
Valorar el trabajo de todas las personas que están ayudando
a nuestros hermanos de Haití, pero la ayuda no es
suficiente, sobre todo si la comparamos con el despliegue
realizado para invadir a Irak sin razón que lo justificara.
Haití necesita cien veces más recursos que los utilizados, y
los hay.
EDITORIAL de NOTICIAS OBRERAS
Núm. 1.497 [01-02-10 / 15-02-10] pág. 5
http://www.hoac.es/pdf/Noticias%20Obreras/1ª%20febrero/editorial.pdf