STRAUSS-KAHN, METÁFORA
DE LAS PRÁCTICAS DEL FMI
El lector o la lectora pensará que es una tragedia que
el Director-gerente del FMI, Strauss-Kahn, diera alas a
su vicio, la obsesiva búsqueda de sexo perverso,
corriendo desnudo detrás de una camarera negra en la
suite 2806 del hotel Sofitel de Nueva York, hasta
sujetarla y forzarla a practicar sexo, con detalles que
la Fiscalía de Nueva York describe minuciosamente y que,
por decencia, no voy a decir.
Para él no era una tragedia, sino una víctima más entre
otras que ha hecho en este mundo. Se vistió y se fue
derecho al aeropuerto. Lo cómico fue que olvidó el móvil
en la suite y así pudo ser detenido por la policía
cuando ya estaba dentro del avión.
La tragedia no ha sido lo que le pasó a él, sino a la
víctima, que a nadie le interesa conocer. Su nombre es
Nifissatou Diallo, de Guinea, africana, musulmana, viuda
y madre de una hija de 15 años. La policía la encontró
escondida detrás de un armario, llorando y vomitando,
traumatizada a causa de la violencia sufrida por parte
del huésped de la suite, cuyo nombre ni siquiera
conocía.
La mayor parte de la prensa francesa, con cinismo e
indisimulable machismo, trató de esconder el hecho,
alegando hasta una posible trampa contra el futuro
candidato socialista a la Presidencia de la República.
El ex-ministro de cultura y educación, Jacques Lang, de
quien se podría esperar algún esprit de finesse,
afirmó con desprecio: «a fin de cuentas, no murió
nadie».
Que una mujer quede psicológicamente destruida por la
brutalidad de Mr. Strauss-Kahn no importa mucho. Para
esa gente se trata solamente de una mujer, y africana.
¿Es que, en esa mentalidad atrasada, la mujer cuenta
para algo salvo para ser mero «objeto de cama y mesa»?
Para ser justos, tenemos que ver el hecho desde la
mirada de la víctima. Ahí podemos captar la dimensión de
su sufrimiento y la humillación de tantas mujeres en el
mundo que son secuestradas, violadas y vendidas como
esclavas del sexo.
Sólo una sociedad que ha perdido todo sentido de la
dignidad y se ha brutalizado por el predominio de una
concepción materialista de la vida, que todo lo
convierte en objeto y mercancía, pudo hacer posible esta
práctica.
Hoy todo se ha vuelto mercancía y ocasión de ganancia,
desde los bienes comunes de la humanidad, privatizados
(como el agua, los suelos, las semillas), hasta órganos
humanos en comercio, niños y mujeres prostituidos.
Si Marx viese esta situación seguramente se
escandalizaría, pues para él el capital vive de la
explotación de la fuerza de trabajo pero no de la venta
de vidas. Sin embargo, ya en 1847 en la Miseria de
Filosofía intuía:
«Ha llegado, por último, un tiempo en que todo lo que
los hombres habían considerado inalienable se ha vuelto
objeto de cambio, de tráfico, y podría alienarse.
Un tiempo en el que las cosas que hasta entonces eran
comunicadas, pero jamás intercambiadas; dadas, pero
nunca vendidas; adquiridas pero jamás compradas, como la
virtud, el amor, la opinión, la ciencia y la conciencia,
han pasado a ser comercio.
Reina el tiempo de la corrupción general y de la
venalidad universal... en el que todo se lleva al
mercado».
Strauss-Kahn es una metáfora del actual sistema
neoliberal. Chupa la sangre de los países en crisis como
Islandia, Irlanda, Grecia, Portugal, y ahora España,
como antes lo hiciera con Brasil y con los países de
América Latina y de Asia. Para salvar a los bancos y
obligar a saldar las deudas, arrasan la sociedad,
desemplean, privatizan bienes públicos, disminuyen los
salarios, retrasan la edad de jubilación, hacen trabajar
más horas... Sólo por causa del capital.
El articulador de estas políticas mundiales es, entre
otros, el FMI, del cual Strauss-Kahn era la figura
central.
Lo que él hizo con Nafissatou Diallo es una metáfora de
lo que estaba haciendo con los países con dificultades
financieras. Merecería la cárcel no sólo por la
violencia sexual contra la camarera sino mucho más por
el estupro económico al pueblo, que él articulaba a
partir del FMI. Estamos desolados.
Leonardo Boff