CONTRAPUNTOS
ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE
El jesuita
Javier Melloni, teólogo y antropólogo, gran
conocedor de las tradiciones religiosas de Oriente y
especialista en diálogo interreligioso, fue el ponente
del Foro convocado por Profesionales Cristianos de
Madrid bajo el título: “Una espiritualidad para el siglo
XXI: hacia un tiempo de síntesis entre Oriente y
Occidente”.
Este es el
resumen de su conferencia.
Oriente y Occidente se complementan y estos tiempos difíciles que
vivimos como especie humana son también tiempos
propicios para descubrir esa diferencia y
complementariedad que se sintetizan en ocho polaridades.
Instinto de superación versus aceptación
En Occidente tratamos de “superar” los problemas, de combatir sus
causas, de actuar. Dedicamos nuestra energía a
transformar lo exterior.
En Oriente tratan sobre todo de aceptar la adversidad, lo que no
significa someterse ni resignarse sino asumir esa
adversidad fluyendo con ella. Concentran su energía en
transformarse interiormente.
Futuro-pasado versus presente
La tradición bíblica vive de la memoria de los testigos que han
trazado el camino y de la esperanza en la venida de la
plenitud de los tiempos. Pasado y futuro son esenciales
en la experiencia cristiana de fe.
Oriente, en cambio, busca la calidad del momento presente. La
esperanza es necesaria ya que anticipa lo que espera;
pero, al mismo tiempo, se ha de vivir ya en el presente
lo que se espera como futuro. Como decía Gandhi, “no hay
un camino para la paz, sino que la paz es el camino”.
Personalización versus oceanización
Occidente subraya el valor inalienable de la persona humana, con
todo lo que eso ha aportado en el reconocimiento de los
derechos humanos.
Oriente, en cambio, considera que si el “yo” se magnifica,
encapsula la vida en una referencia egocéntrica y se
separa de la totalidad, aislándose de las fuentes de la
vida. Por eso el camino espiritual hindú y el budista
denuncian las trampas del yo y se abren a la compasión
universal. Para Oriente, Dios no es un “Tú” hacia el que
me dirijo desde mi “yo”, sino el mar que se descubre
sabiéndose ola.
Es necesario sostener ambas perspectivas: la singularidad de cada
ola, en su radical especificidad, y a la vez, la
conciencia de ser mar.
Razón analítica versus razón simbólica
Occidente, desde una aproximación analítica, descompone la
realidad, busca la especialización de los conocimientos
para profundizarlos. Ese impulso poderoso, esa “mirada
flecha” sobre el mundo tiene el riesgo de la
fragmentación. Oriente, en cambio, proyecta sobre el
mundo una “mirada copa”, que reúne a los contrarios, que
acoge sin discriminar ni juzgar. Necesitamos ambas
miradas, la occidental basada en el principio de
contradicción, base del espíritu crítico, que acentúa lo
que nos separa, y la oriental que acentúa el compartir,
el ser que nos es común.
Identidad versus fluidez
Se trata de ver el árbol o de ver el bosque; Occidente ve el árbol
y Oriente mira más al conjunto, al bosque.
Lo importante del bosque es el flujo constante de vida que
posibilita más allá de las existencias individuales. Por
eso los budistas tibetanos hacen unos “mandalas”,
bellísimas composiciones con arena de colores,
representaciones simbólicas del mundo, que destruyen al
final, porque lo importante ha sido el camino espiritual
recorrido en su elaboración y no la conservación del
resultado.
Los occidentales, en cambio, cuando ven los mandalas, desean
congelarlos en museos.
Acción versus no acción
Como hemos ido viendo, Occidente trata de cambiar el mundo; a
veces, antes de entender y escuchar lo que pasa.
Oriente se expresa en ese artesano que antes de esculpir su obra de
madera, tranquiliza su yo, lo silencia, elige su árbol,
el que le habla, aquel en el que la naturaleza revelará
su belleza mediante el trabajo de sus manos. Se trata de
tener menos para “tenerse” más.
Palabra versus silencio.
Lo propio de Occidente es la palabra, como enuncia el Prólogo de
San Juan: “Al principio existía la Palabra”. De ahí se
derivan los relatos, los razonamientos, los conceptos,
etc., pero también el exceso de ruído.
Para que la palabra cobre fuerza, ha de haber silencio en medio. El
silencio no anula la palabra sino que es el fondo que le
da sentido.
Oriente está atraído por ese fondo, mientras que occidente por su
expresión. Ambas cosas son necesarias.
Plenitud versus vacuidad
Occidente busca la plenitud, la realización personal.
Oriente, la vacuidad, el vaciamiento de sí mismo.
Para que la plenitud no empache, necesita de la vacuidad. Y la
vacuidad necesita llenarse de plenitud.
En estos momentos de globalización, la conciencia de los desafíos
que plantea al ser humano nos lleva a cuidar tres
aspectos esenciales e inseparables:
-
la veneración del Misterio, que abre la vía mística;
-
la solidaridad activa, que abre la vía ética;
-
la contención de nuestros deseos para que nuestra
necesidad de recursos naturales no devaste el
planeta, lo cual atañe a la vía ecológica.
Vivir esta tríada es tarea de la espiritualidad contemporánea y
está presente en todas las tradiciones religiosas. Todas
ellas nos dicen de un modo u otro que la pobreza -no la
miseria- es una bendición, en la medida que permite un
uso limitado y responsable que genera solidaridad y
compasión.
Interioridad, trabajo por la justicia y el uso sostenible y
solidario del planeta son los tres pilares que
constituyen la espiritualidad integral que capacitan al
ser humano para vivir con sabiduría y veneración sobre
la Tierra.