Paradojas del mundo
Los países
ricos, que subsidian su agricultura a un ritmo de mil
millones de dólares por día, prohíben los subsidios a la
agricultura en los países pobres. Cosecha récord a orillas
del río Mississippi: el algodón estadounidense inunda el
mercado mundial y derrumba el precio. Cosecha récord a
orillas del río Níger: el algodón africano paga tan poco que
ni vale la pena recogerlo.
Las vacas
del norte ganan el doble que los campesinos del sur. Los
subsidios que recibe cada vaca en Europa y en Estados Unidos
duplican la cantidad de dinero que en promedio gana, por un
año entero de trabajo, cada granjero de los países pobres.
Los
productores del sur acuden desunidos al mercado mundial. Los
compradores del norte imponen precios de monopolio. Desde
que en 1989 murió la Organización Internacional del Café y
se acabó el sistema de cuotas de producción, el precio del
café anda por los suelos. En estos últimos tiempos, peor que
nunca: en América Central, quien siembra café cosecha
hambre. Pero no se ha rebajado ni un poquito, que yo sepa,
lo que uno paga por beberlo.
La mitad de
los brasileños es pobre o muy pobre, pero el país de Lula es
el segundo mercado mundial de las lapiceras Montblanc y el
noveno comprador de autos Ferrari, y las tiendas Armani de
Sao Paulo venden más que las de Nueva York.
Hace unos
años, el periodista Richard Swift llegó a los campos del
oeste de Ghana, donde se produce cacao barato para Suiza. En
la mochila, el periodista llevaba unas barras de chocolate.
Los cultivadores de cacao nunca habían probado el chocolate.
Les encantó.
Hay en el
mundo tantos hambrientos como gordos. Los hambrientos comen
basura en los basureros; los gordos comen basura en
McDonald's.
El progreso
infla. Rarotonga es la más próspera de las islas Cook, en el
Pacífico sur, con asombrosos índices de crecimiento
económico. Pero más asombroso es el crecimiento de la
obesidad entre sus hombres jóvenes. Hace 40 años eran gordos
11 de cada 100. Ahora, son gordos todos.
Desde que
China se abrió a esta cosa que llaman "economía de mercado",
el menú tradicional de arroz con verduras ha sido velozmente
desplazado por las hamburguesas. El gobierno chino no ha
tenido más remedio que declarar la guerra contra la
obesidad, convertida en epidemia nacional. La campaña de
propaganda difunde el ejemplo del joven Liang Shun, que
adelgazó 115 kilos el año pasado.
A primera
vista, parece incomprensible, y a segunda vista, también:
donde más progresa el progreso, más horas trabaja la gente.
La enfermedad por exceso de trabajo conduce a la muerte. En
japonés se llama karoshi. Ahora los japoneses están
incorporando otra palabra al diccionario de la civilización
tecnológica: karojsatsu es el nombre de los suicidios por
hiperactividad, cada vez más frecuentes.
Pinochet,
el verdugo de Allende, rendía homenaje a su víctima cada vez
que hablaba del "milagro chileno". El nunca lo confesó, ni
tampoco lo han dicho los gobernantes democráticos que
vinieron después, cuando el "milagro" se convirtió en
"modelo": ¿qué sería de Chile si no fuera chileno el cobre,
la viga maestra de la economía, que Allende nacionalizó y
que nunca fue privatizado?
La
tecnología produce sandías cuadradas, pollos sin plumas y
mano de obra sin carne ni hueso. En unos cuantos hospitales
de Estados Unidos los robots cumplen tareas de enfermería.
Según el diario The Washington Post, los robots trabajan 24
horas por día, pero no pueden tomar decisiones, porque
carecen de sentido común: un involuntario retrato del obrero
ejemplar en el mundo que viene.
Carlomagno,
creador de la primera gran biblioteca de Europa, era
analfabeto. Joshua Slocum, el primer hombre que dio la
vuelta al mundo navegando en solitario, no sabía nadar.
George W.
Bush propuso talar los bosques para acabar con los incendios
forestales. No fue comprendido. El presidente parecía un
poco más incoherente que de costumbre. Pero él estaba siendo
consecuente con sus ideas. Son sus santos remedios: para
acabar con el dolor de cabeza, hay que decapitar al
sufriente; para salvar al pueblo de Irak, hay que
bombardearlo hasta hacerlo puré.
El mundo es
una gran paradoja que gira en el universo. A este paso, de
aquí a poco los propietarios del planeta prohibirán el
hambre y la sed, para que no falten el pan ni el agua.
Eduardo
Galeano