Sobre el levantamiento
de una excomunión
Hola, amigos, amigas:
En el cielo gris de Aránzazu, dos águilas planean
armoniosamente, llevadas por el aire. Aquí abajo nos
cuesta más, parece que no hubiera cielo y aire para
todos. Nos excomulgamos. Y cuando hay excomuniones, se
indignan los unos. Y cuando se levantan las
excomuniones, se indignan los otros.
Como es sabido, el 24 de enero [2009], Benedicto XVI
levantó la excomunión a cuatro obispos integristas de la
Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Monseñor
Lefebvre en 1971, poco después del Concilio Vaticano II.
(El
hecho de que uno de los obispos perdonados sea
antisemita y niegue la existencia del Holocausto judío y
de las cámaras de gas nazis ha provocado una reacción
airada del Gran Rabinato y del Estado de Israel. ¿Y eso?
Ni la excomunión en 1988 se debió al negacionismo de
Mons. Williamson, ni su revocación ahora significa de
ningún modo la legitimación de dicho negacionismo. Creo,
pues, que las protestas judías no proceden. En todo
caso, dejo de lado esa cuestión).
Lefebvre intervino en el Concilio, pero nunca aceptó sus
enseñanzas. Estaba convencido de que el Vaticano II era
herético, entre otras cosas por haber cambiado el rito
de la misa y haber suprimido la obligatoriedad del
latín, por haber promovido el ecumenismo entre las
iglesias cristianas, haber rebajado el poder absoluto
del papa con su reconocimiento de la colegialidad
episcopal según la cual la autoridad eclesial reside en
el "colegio" o reunión de todos los obispos, y, por
último
-tal
vez lo más grave-,
haber aprobado la libertad religiosa según la cual toda
persona es libre de practicar la religión que en
conciencia le pareciere más conveniente.
Hoy nos parecen cosas evidentes, mínimos teológicos. Cuesta
trabajo entender que alguien pueda tener objeciones
contra esas posiciones conciliares. Pero hace 40 años
era muy distinto, y Lefebvre podía aducir en su favor
fuertes argumentos históricos y teológicos.
De hecho, cualquiera podía ser condenado por esas ideas
antes del Concilio (¡cuántas verdades de hoy fueron ayer
herejías! Pero así avanza nuestra historia, y la
historia de Dios con nosotros).
-
¿Acaso Juan XXIII no acababa de imponer
solemnemente, en 1962, la obligatoriedad del latín
como "lengua universal e inmutable"?
-
¿Acaso Pío IX no había declarado en 1864 que la
libertad religiosa es una herejía incompatible con
la doctrina cristiana y acaso no lo había
corroborado León XIII en 1885?
-
¿Acaso Pío XI no había desautorizado y ridiculizado,
en 1928, a los primeros promotores del ecumenismo
intereclesial llamándolos pancristianos?
-
¿Y acaso no estaba aún vigente la doctrina secular
de que el cristianismo es la única religión
verdadera y la iglesia católica romana la única
iglesia verdadera?
-
¿Acaso el Concilio Vaticano I no había dejado
meridianamente claro, en 1870, los dogmas de la
infalibilidad del papa y su poder de jurisdicción
sobre todas las iglesias?
Por todo eso y más, el nuevo Concilio resultaba inaceptable
para Mons. Lefebvre y no lo aceptó, no lo acató, formó
su Fraternidad Sacerdotal y en 1988 acabó ordenando
obispos ("ilícita pero válidamente", cosas del Derecho
Canónico) a cuatro sacerdotes de su movimiento. Éstos
incurrieron ipso facto en excomunión (cosas
también del Derecho Canónico).
Y la excomunión significa: "No estás en comunión con la
Iglesia y, por lo tanto, no puedes estar en comunión con
Dios y, por consiguiente, no puedes participar en los
sacramentos ni comulgar con Jesús en la eucaristía. Es
casi seguro que irás al infierno".
Yo no estoy de acuerdo con Lefebvre y los suyos, pero aun
estoy menos de acuerdo con que se les excomulgue. ¿Qué
es una Iglesia que excomulga?
Claro que entender, se entiende. Se entiende que la
iglesia, como todo grupo humano, necesite una cierta
coherencia interna para mantener su "unidad", pero sobre
todo su poder, y se entiende que expulse de su seno al
que molesta demasiado (un día a Lefebvre, otro día a
Hans Küng).
Eso pasa en todos los partidos; no hay más que mirar estos
días las puñaladas que se dan unos compañeros de
partido, en la sombra y a la luz, y todo por rencillas
personales y luchas de poder, todo por un puesto arriba
o abajo... Pasa en las mejores familias. Pasa también en
la Iglesia, pero no deja de ser una pena.
-
Es una pena que también en la Iglesia se reproduzcan
las luchas de poder y todos sus derivados.
-
Es una pena que nuestros márgenes de tolerancia sean
igual de estrechos (no diría que más) que en un
partido y no seamos capaces de convivir pensando,
creyendo, siendo de manera diversa, incluso opuesta.
-
Es una pena que no pudieran convivir Marcel Lefebvre
y Hans Küng, por mucho que disintieran y
discutieran, como Pedro y Pablo.
-
Es una pena que tenga que haber excomuniones o
exclusiones en la Iglesia en aras de la
supervivencia y de la conservación.
Pero lo peor, mucho peor, es que se excomulgue y se excluya
en nombre de Jesús, en nombre de Dios. Una excomunión en
nombre de Dios es perversa, lo más perverso que cabe en
una Iglesia llamada a ser hogar amplio y cálido,
sacramento de una humanidad sin excomulgados.
De modo que a mí me ha parecido bien que Benedicto XVI haya
revocado la excomunión de los cuatro obispos
lefebvrianos. ¡Que también ellos se sientan en casa,
herederos de bendición! Lo que no me parece bien es que
el papa no haya revocado todas las otras excomuniones.
Ya no quedan cristianos integristas excomulgados, y lo
celebramos, pero aún quedan muchos excomulgados de los
otros: las mujeres ilícitamente ordenadas
"sacerdotisas", los "herejes", las mujeres que abortan y
todos los que de cualquier modo ayudan a un aborto...
Y tantísimos que no han sido formalmente excomulgados, pero
sí excluidos o relegados, justamente por haberse dejado
llevar más lejos por el aire del Concilio. Hace tiempo
que aquel aire dejó de correr por las estancias del
Vaticano.
Y es bien conocido el diagnóstico de Benedicto XVI sobre
aquel Concilio. Lo ha dicho una y otra vez desde que era
Prefecto de la Sagrada Congregación: el Vaticano II ha
acabado siendo para la Iglesia católica un evento
nefasto, origen de buena parte de sus males actuales, y
todo por abrir ventanas y puertas para reconciliar a los
cristianos con el mundo moderno. Es peligroso seguir
respirando aquel aire, cuidémonos de la corriente,
cerremos las rendijas.
Nos duele el diagnóstico y nos duele el papa, como nos
duelen las excomuniones, las formales y las otras.
Entiendo el enfado de muchas cristianas y cristianos que
quieren seguir respirando. Pero no hay que desalentarse.
El Espíritu sigue renovando la faz de la tierra. ¡Que su
brisa suave serene los ánimos y nos haga más libres!
José Arregi
Para orar
Jesús, manso y humilde de corazón,
tú visitas a todo ser humano para revelarle el amor de
Dios.
Jesús, bondad sin medida,
tú liberas a los cautivos, tú nos devuelves la paz de
conciencia.
Jesús, nuestro descanso y nuestro refugio,
tu yugo es suave y tu carga ligera.
Jesús, médico de cuerpos y de almas,
tú sanas nuestra ceguera.
Jesús, pan vivo,
tú alimentas nuestro corazón con tu palabra.
Jesús, tú has venido para encender un fuego en la
tierra.
Jesús
resucitado, tú nos haces partícipes de tu alegría.
Jesús, dondequiera que nos encontremos,
siempre nos estás esperando y nos dices:
"Venid a mí los que estáis cansados y encontraréis el
descanso".
Bendícenos, Cristo, mantennos en el espíritu de las
bienaventuranzas:
alegría, sencillez, misericordia.
Taizé