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¿ES
DIOS EL PROBLEMA?
Dios no
estorba en el mundo.
Son los
poseedores de la franquicia de lo divino,
quienes lo
han hecho indigesto.
El objetivo es el hombre. Que una creatura,
inteligente y libre llegue a parecerse a Dios tanto
como para llamarle Padre.
Para eso trabaja Dios. Por eso se implica personalmente
con Jesús, en la masa humana. Esa es la única razón de ser de la
Iglesia. La Iglesia de los cristianos no tiene como objetivo el
culto al Altísimo, su objetivo es que la empresa de Dios - la
creación - produzca beneficios de humanidad. Eso es
cristianismo.
En la historia de los hombres proliferaron siempre las
religiones dedicadas a aplacar a los dioses, a dar culto a la
divinidad, a someterse a los designios ocultos de un poder
supremo, a tener a Dios o los dioses contentos, a construir
templos y altares a todo dios que apareciese en el mapa.
Desde Jesús, cuando llegó la plenitud de los tiempos, hubo un
cambio de agujas. Él, su Padre, y los que quieran seguirle,
todos en busca de los cojos, los ciegos, los paralíticos, los
encarcelados, los contrahechos, los esclavizados por cualquier
ideología. ¡A desatar ataduras, a liberar lenguas trabadas, a
dejar vivir, a dejar crecer! Porque sólo a partir de la libertad
se puede construir un hombre pleno y un hijo del Padre común.
¿Por qué las masas, por qué los individuos se alejan de la
realidad Dios? Dios no estorba en el mundo. ¡Pero si Dios no
habla, ni se mete en nada! Son los técnicos en Dios, los que
afirman ser poseedores de la franquicia de lo divino, quienes lo
han hecho indigesto.
Y es muy sangrante la situación, porque la vida de una persona
se queda sin sentido cuando se le cierra el tragaluz hacia el
algo más, a la trascendencia, es decir a Dios.
Dios es clave de bóveda que abre una esperanza a la angustia del
yo. Dios salva, no oscurece el horizonte. Todo resulta más
absurdo aún, sin Dios.
No es tan fácil prescindir de Dios. Ha de ser admitido o
rechazado. El agnóstico, el que no sabe no contesta, corre
peligro de ser un cobarde, un fugitivo. Nunca el hombre será más
hombre que cuando rechace o admita a Dios. Y nunca Dios mostrará
más respeto al hombre que cuando acepte su veredicto.
La libertad del hombre llega hasta el punto de poder
equivocarse, pero incluso equivocado, tendrá que ser honesto
consigo mismo para evitar la autodestrucción. En esa solitaria
instancia le espera su conciencia, su realización humana.
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