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¿QUÉ PUEDE SER ESO DEL INFIERNO?
Tres
interpretaciones posibles.
Y que cada
uno piense una solución.
Pero que
nadie se cargue el amor de Dios.
Los teólogos piensan, razonan, interpretan las escrituras e
intuyen lo siguiente:
Primera posible interpretación
(No lo olvide: tendrá que ser una explicación que no destroce
ningún pilar de nuestra fe)
El Infierno es la “auto-condena” que la misma persona humana
hace de sí misma al comprobar, desde una perspectiva definitiva
y sin posibles artilugios, la mala leche, el egoísmo, la
soberbia, la hipocresía, etc. con la que fue entretejiendo su
vida sobre la tierra. ¡Puede ser insoportable!
No hablamos de debilidades. No hablamos de confusiones. No
hablamos de errores. Hablamos de Caín, hablamos de mala leche,
hablamos de hipocresía, hablamos de despotismo, hablamos de
egoísmo ante el pobre, ante el que no tiene trabajo, o está en
la cárcel, o tiene el sida, o lleva el frío en el cuerpo y en el
alma. Hablamos de todo eso que sabemos todos, seamos creyentes o
ateos o medio pensionistas.
Y pudiera ser que durante nuestra vida en la tierra hemos sabido
engañar a todos y nos hemos engañado a nosotros mismos y hasta
cogimos fama de buenas personas. Pero habrá un momento de la
verdad. Frente a frente a nosotros mismos. Ante el implacable
espejo de nuestra conciencia, ya sin posibilidad de mentirnos:
ese puede ser el infierno.
Puede ser lógico. Aunque a muchos teólogos, desde la antigüedad,
les parece insoportable que ese “auto-condenado” quede así por
toda la eternidad. No les encaja.
Segunda posible interpretación.
El ser humano, por propia naturaleza, no es inmortal. La
inmortalidad, si es, necesariamente es un regalo de Dios. Todo
lo que nace, muere. Lo que empieza, acaba. Lo que no sea Dios no
es eterno. Y esto es así. Hoy día nadie (de los que piensan,
estudian y son libres) piensan que la “presunta alma” sea, por
naturaleza, inmortal. Dios es el único inmortal.
Dijo Jesús: Quien cree en mí, vivirá eternamente.
Pero el que no ha querido llegar a ser humano, no puede llegar a
ser hijo de Dios, único camino para ser eterno. Por lo tanto se
hundirá definitivamente en la nada. Y ese sería el infierno: la
nada.
Tercera posible interpretación.
Pero ¿es posible que un ser humano pueda llegar a ser
absolutamente malo? Una madre ¿no ve siempre algo de bueno en el
criminal de su hijo, aunque haya sido condenado como tal? ¿Somos
capaces de ser tan malos que no quede algo de bueno en nosotros?
El infierno sería la condena de todo aquello de maldad que nos
haya quedado. En la casa del Padre de Jesús hay muchas moradas.
Purificada la maldad, siempre puede quedar algo bueno. Y eso
bueno, por pequeño que sea, no se echaría en el contenedor de la
nada. Y el amor de Dios salvará todo lo salvable. No será la
misma capacidad de disfrutar de Dios la de la madre Teresa de
Calcuta y la del amigo Milosevic. Pero ¿quienes somos nosotros
para negar algo bueno en ese desgraciado jefe de Estado?
No cabe duda. Todo son conjeturas. Que cada uno piense una
solución. Pero que nadie se cargue el amor de Dios; que nadie
inutilice la vida y la muerte de Jesús.
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