|
LOS ÁNGELES
NOS HAN
HECHO MUCHO DAÑO
Hoy gozan
de poca credibilidad.
Como el
limbo, el purgatorio, el infierno
y la
virginidad del himen.
Ángel es una palabra persa. De allí la importaron los
israelitas. Ángel significa mensajero. No el que reparte
paquetes, sino el que lleva mensajes, noticias.
La Biblia está llena de ángeles. Suelen aparecer en momentos
importantes. Sin embargo, hoy gozan de poca credibilidad. Los
teólogos y creyentes más estudiosos los han aparcado en la
papelera de reciclaje junto a temas como el limbo, el
purgatorio, el infierno y la virginidad del himen. Con esta
operación de reciclaje, parecen cerrarse definitivamente las
puertas del paraíso medieval.
Los devotos israelitas crearon las figuras angélicas para dar
salida a una serie de problemas, que sin ellas no encajaban:
El innombrable Yahvé no podía estar todo el día yendo y viniendo
con dimes y diretes.
La evidencia del mal tenía que tener un origen. Yahvé no podía
cargar con esa responsabilidad. Tenía que ser el “Malo”. Pero,
no un dios con minúscula. Eso repugnaba al israelita. El recurso
al ángel malo fue la pieza del puzzle en su incipiente teología
que completaba un sistema.
Y comienza el folklore de Arcángeles, Querubines, ángeles de la
guarda, demonios malvados. En cierto modo esa raza angélica vino
a sustituir el Olimpo tan divertido de otras religiones. En la
Edad Media, los decoradores, les añaden sus alas, sus rabos y
cuernos.
Pero todos nos han hecho daño: los de las alas y los de los cuernos.
Los de los cuernos, porque nos engañaban, compraban nuestras
almas y nuestra eternidad a cambio de un presente alucinante.
Los de las alas, porque se convertían en modelos imposibles de
imitar, sembrando la insatisfacción. Ellos nos han hecho
despreciar lo que teníamos, nuestro cuerpo y han grabado a fuego
-azul- en nuestro subconsciente un superyo angélico que se
encarga de torturarnos “divinamente”.
Aunque conviene tener en cuenta que su olvido nos trae
problemas. Por ejemplo, la desaparición de los ángeles malos nos
quita la posibilidad de echarles la culpa a ellos de nuestras
desgracias. Ahora somos nosotros los culpables.
La desaparición u olvido de los ángeles buenos nos ha dejado sin
guardias de seguridad. Ahora, somos nosotros los que hemos de
guardar las cuatro esquinitas de nuestros pequeños. Al no contar
con ángeles de la guarda, son, por ejemplo, las naciones fuertes
y ricas las que asumen el cuidado de las pobres y débiles. ¿Qué
son o deberían ser si no las ONG?
Subir
tema
relacionado
EL
DIABLO Y SU INFIERNO
El
infierno no cuadra con el “Dios es Amor”
y
recurrimos a la cobarde estrategia de siempre:
“es un
misterio”.
|