TELÉMACO
No nos damos cuenta lo que le debemos a nuestros
antepasados en la fe, y damos por sentado muchas
cosas sin ser conscientes de cómo se consiguieron
las libertades que disfrutamos. Los cristianos
deberíamos ser sensibles a ese pasado ya que
afirmamos que nuestra fe se originó hace 2000 años y
se ha mantenido a lo largo de los siglos.
Es verdad que en ese largo camino ha habido
episodios de mucha oscuridad, de locura humana, de
negación de lo más auténtico del mensaje cristiano.
Conocemos de sobra todas esas cosas. Pero a lo largo
de los siglos no solo hubo oscuridad, también hubo
luz, que sigue alumbrando hoy a la humanidad.
Porque cuando esa luz está relacionada directamente
con la persona de Jesucristo, tiene esa capacidad de
atravesar los tiempos, y resplandecer en nuestro
medio. Y siempre es una luz encarnada, hecha
realidad a través de un hombre o una mujer, no una
mera especulación metafísica.
En esta ocasión quisiera que recordásemos a un
hombre, un cristiano, un monje, que encarnó esa
verdad, que hizo presente a Cristo en medio de unas
circunstancias terribles, en un tiempo en que los
cristianos participaban de una locura universal: el
disfrute de ver cómo un ser humano es aniquilado por
otro. Pero veamos el contexto histórico y quién era
ese cristiano que alumbró el mundo, y que en cambio,
casi nadie conoce.
Nos encontramos en el siglo V. Oficialmente el
Imperio Romano es cristiano. En realidad, el
cristianismo se había convertido en un consenso
social, en una religión de Estado. Se nacía
cristiano por el hecho de ser aceptado en la Iglesia
por medio del bautismo. El gran problema fue que
muchas personas bautizadas como cristianos,
mantenían sus costumbres paganas, que venían de
antiguas tradiciones. Una de esas costumbres que se
habían mantenido, era el combate de
gladiadores. Las multitudes asistían con
entusiasmo a ese espectáculo degradante. Se suponía
que por ese tiempo, esos espectadores eran
cristianos.
Un día, en medio de uno de esos combates, apareció
una persona. Un monje llamado
Telémaco. El también asistió al
espectáculo, pero con otra intención.
Quería
detenerlo. Durante uno de los
enfrentamientos entre dos gladiadores, Telémaco
saltó a la arena del circo romano. Quiso impedir tal
violencia entre seres humanos en el nombre de
Cristo. La multitud enfurecida lo mató ahí mismo.
Pero aquel hecho significó un cambio en la sociedad.
A partir de ese acontecimiento y en respuesta a la
acción de Telémaco, el emperador Honorio prohibió
los combates de gladiadores. Este monje reinvindicó
la dignidad humana en nombre del Evangelio, y mostró
la falsedad de una religión oficial que sabe
cómo sedar las conciencias.
Quizás miremos estas cosas con la sonrisa
complaciente de sabernos lejos de esos tiempos. Que
estas barbaries no son nuestra realidad, que los
hombres de hoy no participaríamos de esos
espectáculos, que no aprobamos la humillación o la
destrucción de nadie. Hasta somos conscientes que en
nuestra sociedad hay violencias que todos
desaprobamos y condenamos. No nos deleitamos en
ello.
Y es cierto. Creo que hay cosas que hemos avanzado,
es verdad. Pero no deja de ser curioso que los
programas de televisión con más audiencia sean
aquellos donde unos famosos, u otros en vía de
serlo, se enfrentan con una violencia verbal
impresionante. Se trata de vencer al contrario, de
humillarlo, en medio de gritos e insultos. Eso sí,
previo pago. Y todo
esto para el deleite de
los
tele-espectadores que seguirán
el desarrollo de estos "combates" durante muchas
semanas. El efecto es el mismo:
la sedación de nuestras consciencias.
Podríamos poner más ejemplos, desde esos héroes del
cine, que lo son por su violencia, hasta el "morbo"
que produce ver la humillación de personas en
diferentes situaciones recogidas por los medios.
¿Necesitamos hoy
un
Telémaco? ¿Alguien que en nombre de
la dignidad humana se oponga a esa
despersonalización? Alguien que en Nombre del
Evangelio despierte las conciencias?
Si somos aquellos que han decidido seguir a
Jesús de Nazaret, entonces debemos
encarnar como él, la compasión, la dignidad y la
justicia. Y así mismo, debemos denunciar la
crueldad, la violencia (de todo tipo), todo lo que
mata o despersonaliza. En el fondo, lo que hizo
Telémaco fue manifestar en qué consiste El Reino de
Dios. ¿Lo haremos nosotros?
Julián
Mellado