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Rafael Sanus Abad,

El obispo compañero

 

 

Los curas de Valencia le llamaban compañero, porque, sin mitra o con ella, siempre fue un miembro más del presbiterio. Rafael Sanus Abad, obispo auxiliar emérito de Valencia, murió el día 14 de mayo, a los 78 años, de un paro cardíaco en la casa que había heredado de sus padres. Su funeral y su entierro fueron una muestra conmovedora de la huella que deja entre el clero y el pueblo valenciano por los que renunció a todo, incluso a la mitra.

 

Porque Don Rafael fue un símbolo de libertad, de respeto a la propia conciencia y a las propias convicciones, sin romper la comunión eclesial. Se le conocía en todo el país por ser el obispo manco (le faltaba un brazo). Pero, sobre todo, saltó a la fama, en el año 2000, por ser el primer obispo que renunciaba a la mitra por cuestiones de conciencia y de discrepancias con su superior.

 

Llevaba años marginado en la curia valenciana. Agustín García-Gasco y él tenían dos formas muy diferentes de entender la eclesiología. El arzobispo, a pesar de ser en su juventud un hombre abierto, se convirtió, con el paso de los años, en uno de los adalides del sector más duro de la Conferencia episcopal. Y Sanus siguió siendo siempre el mismo.

 

El mismo obispo dialogante, abierto y apasionado del Concilio Vaticano II. El prelado al que, en su consagración episcopal, le llevó el báculo el cardenal Tarancón. Años después le devolvería el favor Don Rafael, administrándole la unción de los enfermos al cardenal de la Transición agonizante. Quizás por eso, algunos lo llamaban el último de Tarancón.

 

Y no encajó con Gasco, que no contaba con él `para nada. Se sintió marginado y sin capacidad de maniobra alguna. Un obispo convertido en figura decorativa y en paño de lágrimas de los muchos compañeros que acudían a él en busca de mediación en sus problemas con el arzobispo. Y él siempre contestaba lo mismo: “Haré lo que pueda, pero quizás sea peor si yo muevo ficha”.

 

A pesar de su tormentosa relación de ocho años con García Gasco, nunca comentó los detalles. Y cuando se fue, sólo dijo que lo hacía en conciencia. Llegó un momento en que tuvo que elegir entre conservar su fe y seguir siendo obispo. Y lógicamente, optó por su fe. Pero incluso después de irse, le siguieron marginando tanto las autoridades eclesiásticas como las civiles.

 

Aún así, su figura fue creciendo en la sombra y se convirtió en un referente “oculto” de la Iglesia valenciana. Hasta que lo volvió a destapar el nuevo arzobispo de Valencia, Carlos Osoro. Con un abrazo público de reivindicación solemne el mismo día de su toma de posesión ante la catedral abarrotada.

 

De la mano de monseñor Osoro, Don Rafael volvía a ocupar el sitio que siempre le había correspondido. Y ese gesto marcó la ruptura con el anterior pontificado y le ganó al nuevo arzobispo las simpatías y el afecto del pueblo y del clero valencianos.

 

Porque, como dice su amigo, el sacerdote Vicente Aparicio, “Rafael fue un obispo del diálogo y la solidaridad, un hombre de pueblo que sufrió muchísimo y al final consiguió que este arzobispo le devolviera su dignidad como persona y como obispo”.

 

Rafael Sanus había nacido en Alcoi el 29 de agosto de 1931 y, tras haber iniciado los estudios de Derecho, decidió ingresar en el Seminario de Moncada, del que más tarde llegaría a ser rector. Un desgraciado accidente en plena juventud le dejó privado de un brazo, por lo que para ser ordenado sacerdote tuvo que pedir dispensa a Pío XII. El día 22 de junio de 1958 ofició en Valencia su primera misa.

 

Tras doctorarse en Teología Dogmática en Roma, fue nombrado vicario general y rector del Seminario diocesano de Moncada. En 1988, Juan Pablo II le nombró obispo auxiliar, cargo que desempeñó hasta su polémica renuncia el 17 de noviembre de 2000.

 

En su despedida, monseñor Osoro lo definió como “un obispo, un maestro y un hombre con un corazón grande que daba afecto y creaba afecto en todos”. Más aún, “fue un hombre muy libre para decir lo que ha creído conveniente en todo momento, y aquí estáis gente que lo habéis experimentado en vosotros mismos” explicó el arzobispo en referencia a los roces entre García-Gasco y Sanus y la ulterior renuncia del obispo alcoyano.

 

En Alcoi descansa, en la parroquia de San Mauro, la misma donde se bautizó. Un  privilegio de obispos. El único que utilizó monseñor Sanus.

 

 

José Manuel Vidal

 

 Obituario, El Mundo