Para ver la primera parte del vídeo:
http://www.youtube. com/watch? v=pl1TLsOYahw
Continúa la segunda parte en:
http://www.youtube. com/watch?
v=Ijz7L6KrJQE&feature=user
Mi ataque cerebral
Dra. Jill Bolte
Taylor
He dedicado mi vida a estudiar el cerebro porque tengo un hermano que
ha sido diagnosticado con esquizofrenia. Y como hermana
y científica siempre he querido entender por qué yo
puedo tomar mis sueños, conectarlos a mi realidad y
volverlos realidad. ¿Qué ocurre con mi hermano y su
esquizofrenia que sus sueños no puede conectarlos a
ninguna realidad compartida y en su lugar se convierten
en delirios?
He dedicado mi carrera al estudio de la enfermedad mental severa.
Incluso me mudé de Indiana a Boston para trabajar en el
laboratorio del Dr. Francine Benes, en el Departamento
de Psiquiatría de Harvard.
En el laboratorio trabajamos para responder a una pregunta: ¿cuáles son
las diferencias biológicas entre el cerebro de personas
que se diagnostican como el control normal, en
comparación con el cerebro de las personas
diagnosticadas de esquizofrenia, trastorno
esquizoafectivo o trastorno bipolar? Ahí intentamos
mapear los microcircuitos cerebrales, cuáles son las
células que están comunicándose con otras, mediante qué
sustancias y con qué cantidad de las mismas.
Eso daba mucho significado a mi vida por hacer este tipo de
investigaciones durante el día. Pero en mi tiempo libre
lo dedicaba a actuar como defensora de NAMI, la Alianza
Nacional de Enfermedades Mentales.
El ataque cerebral
En la
mañana del 10 de diciembre de 1996 me levanté para
descubrir que era yo quien tenía un desorden cerebral.
Un
vaso sanguíneo explotó en la mitad izquierda de mi
cerebro. Y durante 4 horas ví y observé cómo mi cerebro
iba deteriorándose, mermando su capacidad para procesar
la información. Esa mañana no podía caminar, hablar,
leer, escribir ni recordar nada de mi vida. Me convertí
en definitiva en una niña en el cuerpo de una mujer.
Los dos
hemisferios
Si
han visto alguna vez un cerebro humano sabrán que sus
hemisferios están completamente separados. He traído
un cerebro real. Gracias. Éste es un cerebro humano.
Esta es la parte frontal, la parte trasera de la que
cuelga la médula espinal y esta es la forma en que se
coloca en mi cabeza.
Cuando se observa el cerebro, es evidente la separación
entre los dos hemisferios. En un contexto de
computación, nuestro hemisferio derecho funciona como un
procesador en paralelo y el izquierdo funciona como un
procesador de serie.
Ambos
hemisferios se comunican a través del cuerpo calloso,
compuesto por unos 300 millones de fibras acciónales.
Más
allá de esto, los dos hemisferios están completamente
separados. Debido a que procesan información diferente,
cada hemisferio piensa en cosas diferentes, se preocupan
por cosas diferentes, y me atrevo a decir que tienen
personalidades muy diferentes.
Gracias, ha sido un deleite.
El hemisferio
derecho
El
hemisferio derecho trata sobre el momento presente, es
el aquí mismo y ahora mismo. El hemisferio derecho
piensa en imágenes y aprende a través del movimiento de
nuestros cuerpos. La información llega en forma de
flujos de energía de forma simultánea a través de todos
nuestros sistemas sensoriales y luego estalla en un
enorme collage, que da la impresión sobre la apariencia
del momento presente, esto es, a qué huele, a qué sabe,
qué se siente y cómo suena el presente.
Soy
un ser de energía que se conecta a la energía de mi
alrededor a través de la conciencia de mi hemisferio
derecho. Somos seres de energía interconectados a través
de la conciencia del hemisferio derecho a la familia
humana.
Aquí
y ahora somos todos hermanos y hermanas en este planeta,
que estamos aquí para hacer del mundo un lugar mejor. Y
en este momento, somos perfectos, completos y hermosos.
El hemisferio
izquierdo
Mi
hemisferio izquierdo es un lugar muy distinto. El
hemisferio izquierdo piensa lineal y metódicamente.
Nuestro hemisferio izquierdo tiene todo que ver con el
pasado y el futuro. Nuestro hemisferio izquierdo está
diseñado para registrar ese enorme collage del momento
presente, analizando detalles y más detalles de los
mismos detalles, clasificando y organizando toda esa
información. La asocia con todo lo que aprendimos en el
pasado y lo proyecta hacia el futuro con sus
posibilidades.
Y
nuestro hemisferio izquierdo piensa con lenguaje. Es el
diálogo interno que continuamente conecta mi mundo
interior y mi mundo exterior. Es la vocecilla que me
dice: “Hey, recuerda comprar plátanos antes de llegar a
casa y comértelos mañana”. Es la inteligencia que me
recuerda cuándo tengo que lavar la ropa. Pero quizá lo
más importante: es la voz que me dice “Yo soy”. Y tan
pronto me dice “Yo soy”, me convierte en un ser
separado, me hago una sola persona sólida separada del
flujo de energía a mi alrededor y separada de ti.
Esa
fue la parte de mi cerebro que perdí esa mañana.
Cómo viví el
ataque cerebral
La
mañana del accidente me desperté con un dolor que
golpeaba justo detrás de mi ojo izquierdo. Era un dolor
agudo, similar al que produce morder helado. Y me
atacaba, y me dejaba. Y entonces me atacaba, y me
soltaba.
No
estoy acostumbrada a sentir dolor, así que pensé: “Ok,
voy a seguir mi rutina habitual”. Así que me levanté y
me subí a mi ejercitador, una máquina para ejercitar
todo el cuerpo. Empecé el ejercicio y pronto me dí
cuenta de que mis manos parecían garras primitivas
aferrándose a las barras. Pensé “qué raro”. Y miré el
resto de mi cuerpo pensando “qué cosa tan rara soy”.
Fue
como si mi conciencia se hubiera desplazado fuera de la
realidad habitual, en la que soy esta persona en la
máquina, teniendo esta experiencia, a un espacio
esotérico en el que me estuviera observando a mí misma.
Era
todo extraño y mi dolor de cabeza iba peor, así que bajé
de la máquina y mientras cruzaba la sala me di cuenta
que todo dentro de mi cuerpo era muy lento. Mis pasos se
volvieron rígidos, deliberados. No había fluidez y había
una restricción en mis percepciones y sólo me
concentraba en mis sistemas internos.
En el
cuarto de baño, de pie y a punto de entrar a la ducha
escuchaba el diálogo dentro de mi cuerpo: “ok, músculos,
contráiganse, ustedes relájense”.
De
pronto perdí el equilibrio y quedé contra la pared. Miré
mi brazo y me di cuenta de que no podía delimitar los
límites de mi cuerpo. No podía definir dónde
empezaba y dónde terminaba, porque los átomos y
moléculas de mi brazo se mezclaban con los átomos y
moléculas de la pared.
Sólo
sentía esa energía. Energía. Y me preguntaba “¿qué me
pasa?” Y en ese momento, mi diálogo interno en mi
hemisferio izquierdo fue total silencio. Era como si con
un control remoto lo hubieran puesto en mudo. Silencio
total.
Al
principio fue una sorpresa estar dentro de una mente
silenciosa, pero inmediatamente cautivada por la
magnificencia de la energía a mi alrededor. Y como no
podía identificar las fronteras de mi cuerpo, me sentía
enorme y expansiva. Me sentía unida a toda la energía y
era maravilloso.
Entonces de súbito mi hemisferio izquierdo entró en
línea diciéndome “¡oye, tenemos un problema, tenemos un
problema, busquemos ayuda!” Y yo decía: “¡tengo un
problema!” “Ok, ok, tengo un problema.”
Pero
inmediatamente volvía al espacio de consciencia, y
efectivamente le llamé a este espacio “tierra la-la”.
Era hermoso. Imaginen que ya no estaban todas las
relaciones del exterior y el estrés de éstas. Y me sentí
en paz.
Imaginen cómo sería estar desconectado de todo diálogo
interno que les conecta con el exterior. Aquí estaba yo
en este espacio y todo el estrés de mi trabajo se había
ido. Me sentía más ligera en mi cuerpo. Imaginen qué se
sentiría perder 37 años de carga emocional. Sentí
euforia.
Y mi
hemisferio izquierdo entra y me dice: “oye, pon
atención. Pidamos ayuda.” Y pensaba: “tengo que pedir
ayuda.” Así que salí de la ducha, me vestí y caminé por
mi apartamento pensando: “tengo que ir a trabajar.
¿Puedo conducir?”
Y en
ese momento mi brazo derecho quedó paralizado. Y me dí
cuenta: “¡tengo un ataque cerebral!” Y lo que me dijo mi
cerebro entonces fue: “Wow, qué increíble. Bárbaro.
¿Cuántos científicos tienen la oportunidad de estudiar
su propio cerebro desde su interior?”
Y
luego cruzó por mi mente: “pero soy una mujer
importante, no tengo tiempo para ataques. Ok, no puedo
detenerlo, así que voy a hacer esto por una semana o
dos, y luego de vuelta a mi rutina. Tengo que llamar al
trabajo por ayuda.”
No
podía recordar el número, así que recordé que en mi
oficina tenía una tarjeta con el teléfono. Voy a mi
estudio y saco una pila de tarjetas de contactos. Estoy
mirando la primera, y aún cuando podía ver claramente lo
que decía la tarjeta, no podía distinguir si era la
correcta, porque todo lo que podía ver eran puntos y los
puntos de las letras se mezclaban con los puntos del
trasfondo y no podía distinguir nada.
Esperé a un momento de claridad y en ese momento pude
volver a la realidad normal y distinguir: “ésta no es,
ésta no es…”
Me
tomó 45 minutos recorrer mi pila de tarjetas de 3 cm de
grosor. Mientras tanto, por 45 minutos, la hemorragia
aumentaba en mi hemisferio izquierdo. No comprendo qué
son los números, ni qué es un teléfono, pero es mi único
plan.
Así
que tomé el teléfono, la tarjeta del contacto y los puse
ahí, y estoy comparando la forma de los garabatos de la
tarjeta con los garabatos del teléfono. Pero entonces
volvía a la “tierra la-la” y no recordaba si ya había
marcado esos números. Así que tuve usar mi brazo
paralizado como un muñón y tapar los números que iba
marcando, y cuando volvía a la realidad podía saber “sí,
ya he marcado ese número”.
Eventualmente marqué el número y un colega contestó
diciendo: “whoo woo woo woo”. Pensé: “suena como un
golden retriever”. En mi mente claramente le dije: “soy
Hill, necesito ayuda”. Pero mi voz suena a “whoo woo woo”.
Dios mío, sueno como un golden retriever. No sabía que
no podía hablar ni entender el lenguaje.
Él
reconoció que necesitaba ayuda, así que me consiguió
ayuda. Y un poco después estoy en una ambulancia desde
un hospital en Boston al Hospital General y me acosté en
posición fetal. Y tal como un globo que deja escapar el
poco aire que le queda, sentí que mi energía se elevaba
y sentí mi espíritu rendirse. En ese momento supe que no
era más la coreógrafa de mi vida.
Después del ataque
Y
sería que los doctores rescataron mi cuerpo y me dieron
una segunda oportunidad en la vida o quizás que éste era
mi momento de transición.
Cuando desperté esa tarde me sorprendí de seguir con
vida. Cuando sentí mi espíritu rendirse, le dije adiós a
mi vida y mi mente quedó suspendida en dos planos
opuestos de la realidad. Mi sistema sensorial captaba
estimulaciones de dolor, la luz quemaba mi cerebro como
fuego y los sonidos eran tan fuertes y caóticos que no
podía distinguir una voz del ruido ambiente y sólo
quería escapar.
Como
no podía identificar la posición de mi cuerpo en el
espacio, me sentía enorme y expansiva como un genio
recién liberado de su botella. Y mi espíritu viajó libre
como una gran ballena en un mar de euforia silenciosa.
Nirvana. Encontré el Nirvana. Recuerdo haber pensado no
hay manera que pueda volver a meter esta enormidad que
soy en este cuerpo diminuto.
Pero
supe que seguía viva. Sigo viva y he encontrado el
Nirvana. Y si encontré el Nirvana y sigo viva, entonces
todos pueden encontrar el Nirvana. Y visualicé un mundo
lleno de gente hermosa, pacífica, compasiva y amorosa,
que sabían que pueden venir a este espacio en cualquier
momento. Y que pudieran elegir pasar a la parte derecha
de su cerebro y encontrar esta paz.
Y me
di cuenta del regalo tan grande de esta experiencia. Qué
golpe de realización seria para nuestras vidas. Y eso me
motivó a aliviarme. Dos semanas y media después, los
cirujanos removieron un coágulo del tamaño de una pelota
de golf que estaba en mi centro de lenguaje. Aquí
estoy con mi mamá, un ángel en mi vida. Me tomó 8
años recuperarme completamente.
Mis conclusiones
¿Quiénes somos? Somos el poder de la vida en el
universo, con habilidades manuales y dos sistemas
cognitivos. Tenemos el poder de elegir, en cada momento,
quién ser y cómo estar en el mundo, aquí y ahora.
Puedo
centrarme en la conciencia de mi hemisferio derecho, en
el que soy fuerza vital del universo, la pura energía
que generan mis más de 50 billones de bellas moléculas
que me componen. Una con todo.
O
puedo elegir la guía consciente de mi cerebro izquierdo
y convertirme en un individuo único, separado del flujo,
separado de ti. Yo soy la Dra. Hill Bolte Taylor,
intelectual, neuroanatomista.
Estos
son los “nosotros” que hay dentro de mí. ¿Cuál
elegirías? ¿Cuál eliges? ¿Y cuándo?
Creo
que cuanto más tiempo pasemos eligiendo la profunda paz
de nuestro cerebro derecho, mayor será la paz que
proyectemos en el mundo, y nuestro planeta sería más
pacífico. Creo que esta idea vale la pena comunicarla.
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