Vicente Ferrer, un referente
No me extraña el silencio de la jerarquía, aunque me
parece deshonesto.
Digo que no me extraña el silencio de la iglesia
jerárquica porque no suele ser pródiga en elogios a
quienes no la sirven directamente. Este tipo de
iglesia, la del poder, tiene la idea de que en todo
lo que atañe al ser humano ella es madre y maestra,
es decir, tiene toda la verdad en si misma y no
necesita recibir lecciones de fuera. Ella es la
ortodoxia perfecta tanto en la teoría como en la
práctica.
Desde aquí se explica su escaso interés por la
ciencia y los nuevos saberes, por las nuevas
tecnologías y cambios. Desde aquí se explica también
su desinterés, cuando no su firme oposición y
rechazo, a cuantos desde dentro han querido
reformarla y abrirla a los nuevos aires de la
modernidad y a las exigencias de la justicia en el
mundo.
Pensemos en su rechazo a la reforma conciliar y a la
Teología de la Liberación, su ninguneo a personas de
relieve mundial como Monseñor Romero o los mártires
de la UCA con Ignacio Ellacuría al frente, etcétera.
Y, sin embargo, su acercamiento a todo lo que
representa lo más retrógrado, fundamentalista y
regeneracionista como los lefebvrianos, los
movimientos más tradicionalistas como el Opus, los
Legionarios, etcétera. El mismo despliegue que
mostró con Teresa de Calcuta contrasta con el
silencio clamoroso que mantiene ahora con Vicente
Ferrer.
Y
el silencio de la Compañía de Jesús, en cuanto
institución, se entiende desde la misma lógica que
el silencio jerárquico. Vicente Ferrer dejó la
Compañía y ya no es jesuita, aunque haya seguido
haciendo las mismas obras que hace gran parte de la
misma Compañía en el Tercero y Cuarto Mundos.
Aunque no me extraña, por lo dicho, el silencio de
la jerarquía católica española, sin embargo me
parece deshonesto. Y me parece deshonesto porque
cuando una práctica como la de Vicente Ferrer
representa tan directamente lo más nuclear del
Evangelio de Jesús, como es el cuidado de los
pobres, la Iglesia católica debería ser honesta y
reconocerla, si no como suya, al menos como socia en
la misma causa.
Aunque viniera desde fuera (que en este caso tampoco
es verdad), “los pobres son atendidos” que es lo que
interesa. En casos como éste, todos los cristianos
deberíamos tener presente la advertencia de Jesús a
los apóstoles que querían impedir que se hicieran
milagros sin pertenecer a su grupo: “No se lo
impidáis, les dice, pues el que no está contra
nosotros, está con nosotros”.
Yo apuesto por una sociedad, tan cuidadosa de todas
las vidas, que no necesite de la caridad. Una
sociedad que sea fruto de la igualdad y la justicia
humanamente desplegadas. Pero reconozco que esto es
una utopía. Y, en este sentido, creo que una
sociedad como la nuestra, que necesita de mitos para
llenar sus vacíos, -aunque, en la actual crisis
resulten escandalosos, como los fichajes
deportivos-, Vicente Ferrer, sin que nadie se lo
apropie, puede y debe ser uno de los mejores
referentes, sean creyentes o no, que visibilice la
dedicación abnegada y desinteresada de tantas vidas
dedicadas a los demás.
Evaristo Villar
Religión Digital
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