Vicente Ferrer:
el economista intuitivo
Hace tres años viajé a la India. Aunque en 21 días solo
puede visitar una mínima parte del país, estar en sitios
clave permite extraer una conclusión: el fin de la
pobreza es posible.
A
esta visión optimista se puede llegar observando la
pujante clase media de Nueva Delhi o el equipamiento y
desarrollo tecnológico de Bangalore. Pero donde se
perciben en su total dimensión las posibilidades de
cambio es allí donde el punto de partida es
especialmente desventajoso y adverso.
Apenas a unos kilómetros del Silicon Valley
asiático se encuentra Anantapur, una de las regiones más
pobres del mundo, caracterizada por la ausencia de
recursos tan básicos como el agua. Una visita al
Rural Development Trust (RDT) permite comprobar que
es factible erradicar la pobreza extrema, gracias a los
recursos económicos pero, sobre todo, al buen criterio
de su fundador Vicente Ferrer (1920-2009).
Su
historia, cargada de contrastes, no puede dejar
indiferente a nadie. Luchando como joven anarquista en
la batalla del Ebro de la Guerra Civil española, sintió
la llamada de Dios, se convirtió en jesuita y eligió ser
misionero en la India, donde llegó en 1952.
Terminó por abandonar la orden en 1970, consciente de
que podía ejercer el sacerdocio no tanto oficiando y
confesando sino entregándose a los demás y construyendo
un mundo mejor.
«Yo siento ejercer mejor mi apostolado excavando pozos o
levantando escuelas, para sacar a los pobres del hambre
y la ignorancia, algo que está en mi vocación personal».
Tuve la enorme fortuna de charlar un rato con él y me
sorprendió su religiosidad, pero también que ésta la
limita a su vida interior. Sostenía que, para acabar con
la pobreza, la única estrategia es la acción, una prueba
más de su actitud decidida que bien podría aplicarse a
la actual crisis económica:
«No hay que buscar recursos para mitigar el mal, sino
para solucionarlo».
Con esta visión, ha hecho posible que más de dos
millones de habitantes de Anantapur hayan abandonado la
pobreza.
Desde una perspectiva de economista, llama la atención
de Vicente Ferrer que, sin contar con estudios reglados
en la materia, haya puesto en marcha proyectos que
demuestran que es posible erradicar la pobreza con un
enfoque que está en línea con lo que marcan los
postulados económicos. Como solo sucede en las personas
inteligentes, Vicente Ferrer ejercía por instinto lo que
el resto hemos necesitado estudiar, en este caso
economía o gestión estratégica de la empresa.
Los proyectos iniciales (en los primeros años de la
década de los setenta) fueron campañas masivas de
vacunación, formación sanitaria, desarrollo agrícola y
ecológico. En definitiva, supo aplicar aquello de no dar
peces, sino una caña y enseñar a pescar.
«El esfuerzo necesita ser permanente para dar a los
campesinos de Anantapur las herramientas necesarias para
salir adelante. Y a sus hijos la formación adecuada para
que el día de mañana puedan afrontar la vida».
En
esta frase se resume la estrategia más válida para
combatir la pobreza. Desde los primeros momentos se
percató de la necesidad de aspectos tan relevantes para
erradicar la extrema pobreza como la planificación
familiar, algo que a priori podría chocar con sus
profundas creencias religiosas.
También en el terreno de lo religioso su obra tiene
mucho de revolucionario: Vicente Ferrer ha sabido
respetar las costumbres, las opiniones y los dioses
presentes en la India sin imponer los suyos. Y fue más
allá, tratando de influir en lo económico a través de lo
espiritual:
«…
para que fuera universal no podía tener un cariz
religioso, ya que debía ser aceptado por todo el mundo,
por hindis, por musulmanes, por católicos, etc. No se
puede ser adalid en la lucha contra el hambre y la
pobreza con mentalidad extranjera».
La
implicación de los habitantes locales en el proyecto, a
través de una red capilar que permite incrementar de
manera exponencial el rendimiento de los recursos con
los que cuenta el RDT, es otra de las claves de su
proyecto. Muchas multinacionales deberían aprender el
sistema diseñado y aplicado en Anantapur por Vicente
Ferrer.
Vicente Ferrer fue consciente de la necesaria
optimización de un recurso tan escaso en Anantapur como
imprescindible para la agricultura: el agua. Sus
primeras iniciativas buscaban excavar pozos, construir
embalses y presas y, en los últimos tiempos, la
utilización de técnicas innovadoras más eficientes como
el goteo o la aspersión.
También fue pionero en otros aspectos como las
microfinanzas. Al igual que el Nobel de la Paz Muhhamad
Yunus, confiaba en el efecto expansivo del crédito
siempre y cuando sea devuelto por el prestatario, algo
altamente probable si el destinatario es un pobre.
Vicente Ferrer entendió el poder social del crédito y la
utilidad de prestar al más desfavorecido para que pueda
iniciar una pequeña actividad y, con ello, la cadena del
desarrollo.
Otros de los pilares sobre los que sustenta el «modelo
Ferrer» son la ecología, la diversificación de los
cultivos, el comercio responsable y la búsqueda de la
igualdad entre hombres y mujeres, así como evitar la
discriminación social de los discapacitados físicos o
psicológicos.
La
visita de los hospitales dedicados a enfermos de SIDA o
a los colegios de niños con discapacidades visuales o
auditivas es un ejercicio que introduce buenas dosis de
optimismo respecto a la eficacia de este sistema y su
eficiencia si tenemos en cuenta lo reducido de las
aportaciones económicas.
Vicente Ferrer también apostaba por la permanente
innovación, como demuestra el hecho de que, en 2006, la
Fundación empezó a utilizar energía solar para alimentar
los sistemas de riego por goteo en horticultura.
Vicente Ferrer ganó el Premio Príncipe de Asturias de la
Concordia en 1998 y recientemente recibió, de manos de
la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa
Fernández de la Vega, la Gran Cruz del Mérito Civil. La
biografía de Vicente Ferrer está extraordinariamente
recogida en la obra de Alberto Olivares Vicente
Ferrer, una revolución silenciosa (2000).
Con la muerte de Vicente Ferrer hemos perdido a un gran
economista, intuitivo, inteligente y visionario.
Afortunadamente, su obra tendrá continuidad y debe
servir de referencia para otros países. Vicente Ferrer
ha demostrado que el fin de la pobreza es posible.
David Cano
Martínez
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