El libro de Eckhart Tolle
Esto es un correo de Ibrahima, un muchacho senegalés, musulmán,
deportado a su país, tras ser arrestado por no tener
“papeles” y pasar unas semanas en un centro de
internamiento.
En
medio de sus últimos contratiempos, ha descubierto la
salida del laberinto, al venir al momento presente.
Lo dirige a una religiosa (Carmelita de la Caridad), que trabaja en
Valencia, en un proyecto de integración de inmigrantes,
con la que habían estudiado en grupo el libro de
Eckhart Tolle, “El poder del Ahora”.
(Apenas he corregido un poquito el castellano de Ibrahima).
Enrique Martínez Lozano
“Usted y «El poder del ahora» han sido una
ayuda para mí.
Me
recuerdo de tus primeras palabras que has dicho en la
primera clase: que en este curso vamos a aprender que lo
que somos de verdad no es lo que creemos ser, porque no
somos lo que pensamos ser…
Hoy estoy escribiendo con conocimiento de causa y por
experiencia.
Cuando yo estaba en el centro de internamiento yo sabía
que algo iba ocurrir en el futuro: yo tenía miedo y mi
mente siempre estaba en el futuro. El centro fue un
lugar muy triste y muy injusto: esa tristeza y esa
injusticia estaban destruyendo mi espíritu y mis ganas
de luchar por una vida mejor.
Cuatro aspectos del miedo –que son: la preocupación, la
inquietud, la ansiedad y el estrés- eran mis constantes
compañeros; este lugar estaba torturando mi conciencia,
arrebatando mi humanidad y mi esperanza de un mundo
mejor
Esta
tristeza y este miedo estaban afectando a mi cuerpo: yo
no tenía más hambre; había momentos en que tenía dolor
de vientre por culpa del miedo psicológico que había
creado mi mente.
Cuando usted ha llegado con el libro, leyéndolo, casi
todo ha cambiado. Yo hacía ejercicios, como en la pagina
79, diciendo: Cuando estás lleno de problemas no hay
espacio para que pueda entrar nada nuevo, no hay lugar
para una solución; por eso, cuando puedas, date espacio,
crea el espacio que te permita encontrar la corriente de
vida que subyace a tu situación; emplea tus sentidos
plenamente; trata de estar donde estas; mira a tu
alrededor, simplemente mira sin interpretar; observa la
luz, las formas, los colores, las texturas…; sé
consciente de la presencia silenciosa de cada cosa; sé
consciente del espacio que permite que cada cosa sea;
escucha los sonidos, no los juzgues; escucha el
silencio, debajo de los sonidos; toca algo, cualquier
cosa y siente y reconoce su ser; observa el ritmo de tu
respiración, siente cómo fluye el aire dentro y fuera…
......
Yo sé
también que, por culpa de mi mente, me he creado mi
falso yo. Yo sé ahora que no debemos entregar toda
nuestra atención a la mente, porque casi todos los
problemas son ilusiones mentales. Yo sé que nunca
debemos convertir las cosas en un problema, y sé también
que el mejor indicador de tu nivel de consciencia es tu
forma de afrontar los desafíos de la vida.
Todas
esas palabras de este libro me han ayudo a salir
adelante. Te digo una vez más: gracias por todo, y que
el Dios de los humanos, sea cual sea el tuyo, te
bendiga.
Ibrahima