Testamento espiritual
del alcalde de Solsona,
Xavier Jounou
Dios lo ha querido y yo lo acepto. Siempre he estado a
su disposición, y no puedo echarme atrás ahora, aun
cuando me cueste entenderlo.
Vivimos tan intensamente, que parece que no pueda ser
que, de repente, de hoy para mañana, te pueda atrapar
una enfermedad como la que se ha enamorado de mí y
paralizarlo todo. Pero la realidad ha sido esta, y es
esta la que hemos tenido que aceptar y encarar, a pesar
de que nos cueste.
Marcho conformado, tranquilo y sereno, pero con el alma
entristecida por todas las personas estimadas que dejo.
Mi esposa Isabel y nuestras hijas, Laura y Rut. Mis
padres, hermanas, tíos u tías, mi suegra, cuñados,
sobrinos, que se han desvivido por mí y me han dado más
amor del que me podía llegar a imaginar. Y también el de
tantos amigos y amigas y conocidos que he sentido tan
cerca durante todo este proceso que me lleva hoy aquí.
No sabéis el bien y el calor humano que he llegado a
experimentar bien adentro del corazón, y cómo me ha
ayudado a luchar hasta dónde he podido, al sentir
vuestro aliento afectuoso siempre muy cerca.
Sé
que hoy también marcha un alcalde de Solsona. No ha sido
nunca para mí un objetivo serlo, era más bien como una
disponibilidad que sentía. Y os puedo decir que bien ha
valido la pena, que he sentido muchas cosas haciendo,
que he podido compartir horas de trabajo, de
preocupaciones, pero también de anhelos y muchas
ilusiones y momentos preciosos, tanto con la totalidad
de los regidores como con el amplio abanico de
trabajadores municipales. Y he podido hablar con tanta
gente y conocer tanta nueva...
He
procurado tener un marcado sentido institucional del
cargo, y ser el alcalde de todos “els i solsonines”; a
la vez que he procurado ser justo y atender a todo el
mundo por igual. De todas maneras, me debo haber podido
equivocar algunas veces, y es por esto, querría pedir
disculpas si alguien en algún momento se ha sentido
desatendido o decepcionado.
En
fin, me he sentido muy orgulloso de poder ser alcalde de
la ciudad que tanto amo, y he intentado hacer todo lo
bien que he sabido. Siempre me he sentido, pese a las
normales discrepancias, apreciado y respetado, hecho que
valoro mucho. Os pido, por favor, consideración y
comprensión para el gobierno municipal; no ha sido fácil
todo este tiempo para ellos este estado en el que me he
encontrado. Yo deposito toda mi confianza y todo mi
aprecio personal en el nuevo alcalde. Es una bellísima
persona, honrada y firme, que pondrá toda la dedicación
y aprecio que requiere el cargo y la ciudad.
Ser y hacer de labrador ha sido mi vida. Y quiero
reivindicar la necesidad que tiene al sociedad de
demostrar, con hechos más que con palabras, que nuestra
actividad es imprescindible, pero que, a la vez, la
gente que vivimos al campo no podemos ser unos llorones
eternos, sino unos innovadores y renovadores constantes.
Ser cristiano y ser catalán son dos hechos que me han
marcado profundamente en la vida.
Os
aliento a seguir trabajando para poder llegar a la plena
soberanía nacional, fruto de una mayoría democrática que
la avale. Una Cataluña dónde quepa todo el mundo que
quiera estar en ella.
Y,
en estos momentos, osaría pedir a la sociedad un poco
más de confianza y de comprensión en la clase política
catalana. Ya sé que pasa lo que pasa, pero también es
cierto que hay mucha gente que se dedica de manera
correctísima y pensando sólo en el bien de todos. No
seamos injustos poniendo a todo el mundo en el mismo
saco.
Y
a la clase política le pediría más generosidad y mucha
apertura de miras. No hay nadie en posesión de la verdad
ni de nada que sea de todos, ni nadie solo puede
atribuirse ser Cataluña. Por favor, paremos un momento,
recapacitemos y démonos cuenta que nuestra desunión es,
a la vez, nuestra más grande debilidad. Y que, sobre
todo, no podemos ejercer la política desde el rencor,
desde el recelo constante, ni desde las batallitas entre
los partidos y dentro de ellos. No nos lleva a ninguna
parte que no sea al embelesamiento, a menudo tonto, de
la militancia de turno de cada partido. Pero esto
también es estéril
¡Y
mi pobre y amada Iglesia! ¡Tan cómoda en Roma y tan
desubicada en la cueva de Belén! Esta jerarquía tan
alejada del Concilio Vaticano II, y a la vez tan
recelosamente garante de aquello que debería ser
secundario. Tan satisfecha haciendo celebraciones con
reminiscencias del pasado dentro engalanados templos, y
tan ausente en su principal misión evangélica, la de
piedras hacia fuera, allá dónde aplicar y vivir la fe y
la donación cobra todo su sentido el ser cristiano.
Cómo me he sentido de cerca siempre de la gente sencilla
que trabaja en sus parroquias, de la gente que por amor
a Cristo se da de manera humilde y nada ruidosa. Cómo me
acuerdo en estos momentos del obispo Pere, allá en
Araguaia, o de las monjas del Hospital y de tantas y
tantas otras vidas, creyentes y no creyentes, entregadas
de lleno a derramar amor sobre quien más lo necesita, ya
sea por fidelidad al Evangelio, ya sea por amor a la
dignidad humana. Y no es lo suficiente vergonzoso que
los cristianos, a estas horas todavía vivamos divididos.
Todo irá a mejor, ya lo veréis. El mal siempre hace
mucho ruido, al contrario del bien, que es silencioso.
Pero hay mucha bondad todavía en mucha gente por cambiar
muchas cosas y poderes. Seguro. El mundo ha de ir a
mejor. Trabajemos por hacerlo realidad!
Bien, me voy, si me quiere, con el Hijo del carpintero
de Nazaret, mi guía en esta vida terrenal.
Aquí, cerca de la Virgen María del Claustro, os digo
adiós.
Dios lo ha querido y yo lo acepto, y le pido que os
ayude a aceptarlo a vosotros.
¡Que en el cielo nos podamos reencontrar todos juntos.
Me llevo todo vuestro amor y todo vuestro afecto dentro
de la cajita de mi corazón!
Xavier Jounou
Alcalde de Solsona
Texto recogido por Sor Lucía Caram O.P -Dominica
Contemplativa
15.01.10
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