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cuentos sufíes

 

 

El Sufismo se desarrolló dentro de la matriz cultural del Islam. Se centra en la presencia y el amor. Sólo la presencia puede despertarnos de nuestra esclavitud respecto del mundo y de nuestros propios procesos sicológicos, y sólo el amor cósmico puede abarcar lo Divino. El amor es la más alta activación de la inteligencia, pues sin él nada grande se lograría, ya sea espiritual, artística, social o científicamente.

 

 

Decía un Maestro a sus discípulos:


- Un hombre bueno es aquél que trata a los otros como a él le gustaría ser tratado.

 

Un hombre generoso es aquél que trata a otros mejor de lo que él espera ser tratado.

 

Un hombre sabio es aquél que sabe cómo él y otros deberían ser tratados, de qué modo y hasta qué punto.

 

Todo el mundo debería ir a través de las tres fases tipificadas por estos tres hombres.


Alguien le preguntó:


-¿Que es mejor: ser bueno, generoso o sabio?


- Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado con ser bueno o generoso. Estás obligado a hacer lo que es necesario.

 

 

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Un hombre mundano le pregunto a un buscador sincero:

 

- ¿Y vosotros en realidad qué hacéis?


El buscador le respondió:


- Nos caemos y nos levantamos, nos volvemos a caer y nos volvemos a levantar

 

 

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Un vecino de Nasrudín fue a visitarlo.

 

- Mulá, necesito que me preste su burro.


- Lo lamento - dijo el Mulá - pero ya lo he prestado.


No bien terminó de hablar, el burro rebuznó. El sonido provenía del establo de Nasrudín.


- Pero, Mulá, puedo oír al burro que rebuzna ahí dentro.

 
Mientras le cerraba la puerta en la cara, Nasrudín replicó con dignidad:

 

- Un hombre que cree en la palabra de un burro más que en la mía no merece que le preste nada.

 

 

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Saádi de Shiraz relata esta historia acerca de sí mismo:


Cuando yo era niño, era un muchacho piadoso, ferviente en la oración y en las devociones. Una noche estaba velando con mi padre, mientras sostenía el Corán en mis rodillas. Todos los que se hallaban en el recinto comenzaron a adormilarse y no tardaron en quedarse profundamente dormidos. De modo que le dije a mi padre:


- Ni uno sólo de esos dormilones es capaz de abrir sus ojos o alzar su cabeza para decir sus oraciones. Diría uno que están todos muertos.


Y mi padre me replicó:


- Mi querido hijo, preferiría que también tú estuvieras dormido como ellos, en lugar de murmurar.

 

 

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El genio, recién liberado, le dijo al pescador:


- Pide tres deseos y te los daré.


- Me gustaría que me hicieses lo bastante inteligente como para hacer una elección perfecta de los otros dos deseos.


- Hecho, ¿cuáles son los otros dos?


- Gracias. No tengo más deseos

 

 

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- ¿Rezas tus oraciones cada noche? - preguntaba una abuela a su nieto.
 

- ¡Por supuesto! - dijo el niño.

 

- ¿Y por las mañanas?

 

- No. Durante el día no tengo miedo;

 

 

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Un rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.

-         ¿Por qué no has salido a pescar? -  le pregunto el industrial.

 

-         Porque ya he pescado bastante hoy - le respondió el pescador.

 
- ¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas? - insistió el industrial.

 
- ¿Y qué iba a hacer con ello? - preguntó a su vez el pescador.

 
- Ganarías más dinero. De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas... y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo.


- ¿Y qué haría entonces? - preguntó de nuevo el pescador.


- Podías sentarte y disfrutar de la vida - respondió el industrial.


- ¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? - respondió el satisfecho pescador.

 

 

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Un Maestro decía:

 
- Desgraciadamente, es más fácil viajar que detenerse.

 
Los discípulos quisieron saber por qué.

 
- Porque mientras viajas hacia una meta, puedes aferrarte a un sueño; pero cuando te detienes, tienes que hacer frente a la realidad.

 

 

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Un discípulo a su Maestro:

 

-         ¿Hay algo que yo pueda hacer para llegar a la Iluminación?

 
- Tan poco, como lo que puedes hacer para que amanezca por las mañanas.

 
- Entonces, ¿para que valen los ejercicios espirituales que tú mismo recomiendas?
 

- Para estar seguro de que no estás dormido cuando el sol comience a salir

 

 

ENLACE:

 

http://www.nulladiessinnemeditatione.com/cuentos_para_meditar.htm

 

 

 

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