La Iglesia fue y ha de ser democrática
Sintetizando parte de una ponencia de José Comblin,
denominada:
“La Iglesia y los
carismas según s. Pablo”, creo que
se puede afirmar que en su origen las iglesias
cristianas fueron -y por ello hoy en día deben ser-
democráticas.
En el
inicio, los discípulos de Jesús no creían necesario dar
un nombre a su reunión. Eran judíos, miembros del pueblo
elegido de Israel. Dentro de Israel ellos eran los
seguidores del camino de Jesús. Esperaban el reino de
Dios anunciado por Jesús. El reino no vino. Apareció más
distante que lo previsto. El concepto de reino de Dios
fue transferido para el día en que se realizaría
realmente el fin de este mundo y el advenimiento del
nuevo, esperado como gran milagro de Dios.
Aparecía un tiempo intermediario. Los discípulos no
podían esperar simplemente ese día bastante distante.
Vivían en la tierra, la vida terrestre continuaba. Fue
necesario darse un nombre sobre todo cuando entraron
paganos convertidos y los discípulos se apartaron de la
ortodoxia judaica.
De
acuerdo a las cartas auténticas de Pablo (Romanos, 1 y 2
Corintios, 1 Tesalonicenses, Filipenses y Filemón),
escritas más o menos 20 años después de la muerte de
Jesús, Pablo dio a sus comunidades un nombre que era
común a todas y expresaba la unidad entre todas. Pablo
adoptó el nombre de “ekklesía”. Era genial,
porque esa palabra era muy significativa.
La
palabra “ekklesía” tenía un solo significado. Era la
asamblea del pueblo reunido, del “demos”, para gobernar
la ciudad. No tenía otro significado. Tomando esa
palabra Pablo sabía muy bien lo que hacía. No escogió
ningún nombre religioso. Había asociaciones religiosas
de diversos tipos en aquel tiempo en las ciudades
griegas. Pero Pablo sabía que no venía a establecer en
la ciudad una religión, un culto. La religión, el culto
no interesaban. Para Pablo el culto de los discípulos de
Jesús era su vida.
Pablo
venía para llamar a todos a formar un pueblo. Las
comunidades de una ciudad representaban un pueblo, el
pueblo de Dios en esa ciudad. Eran el verdadero pueblo,
formando el verdadero “demos” aunque fuesen todavía una
minoría insignificante. Pero Pablo miraba lejos con una
fe invencible. Allí estaba el pueblo, en esa asamblea de
los discípulos que era la asamblea del pueblo.
Las
comunidades eran un pueblo que formaba “ekklesía”, esto
es se gobernaban a sí mismos, sin jefes, sin personas
que mandaban. Era la verdadera realización del ideal
griego de ciudad. Los discípulos formaban entre ellos
una auténtica “democracia” realizando el ideal nunca
alcanzado por los griegos que admitían la esclavitud y
la división de clases.
La
verdadera traducción de “ekklesía” debía ser
“democracia”. En cada ciudad los discípulos de Jesús
forman una democracia. Sin embargo no hubo traducciones:
en latín tomaron la palabra griega que perdió su
sentido: “ecclesia”, lo que en castellano fue
transformado en “iglesia”. La palabra “iglesia” no
significa nada, no dice nada. Se transformó en el nombre
de una institución.
Quien
está en la Iglesia católica puede percibir hasta qué
punto nos alejamos de los orígenes cristianos. Hoy quien
considera que la Iglesia es y debe ser una democracia,
será condenado como hereje. Estamos exactamente en el
extremo opuesto de las comunidades cristianas
primitivas.
En la
“democracia” cristiana todos eran iguales, todos podían
hablar, todos podían intervenir en las decisiones
tomadas por la asamblea. Era realmente el advenimiento
de la libertad, el núcleo de un nuevo pueblo, de una
nueva humanidad. Las comunidades no se reunían para
hacer un culto, para practicar una religión, sino para
convivir unos con los otros en la fraternidad de un
pueblo de iguales. Vivir juntos era la razón de esas
reuniones. Había naturalmente una comida en común porque
vivir juntos es comer juntos.
Lo
que más se aproxima a la “ekklesía” de los orígenes, son
las llamadas comunidades eclesiales de base, una
realización de la cual no se tenía más noticia desde la
edad media aunque fuese realizada en ciertas iglesias
reformadas, sobretodo en los Estados Unidos.
J.
Subercaseaux
Santiago, Chile. Mayo de 2009
Movimiento Teologías de la Liberación-Chile