La Iglesia “hipersacramentalizada”
En la Iglesia, la “religión” le ha ganado la partida a la
“misericordia”, a la “profecía”, a la “ética”.
Nuestra Iglesia padece de “hiper-religiosidad”. Lo
que, en concreto, quiere decir que padece de “hipersacramentalidad”.
Explico esto. El prefijo griego hiper significa “exceso”.
Los ejemplos que pone el Diccionario de RAE son muy claros:
hipertensión, hipermercado, hiperclorhidria,
términos que indican “superación “, “demasía” o “exceso”.
Pues bien, esto es lo que le pasa a la Iglesia y a casi
todos los que seguimos en ella. ¿A qué va la gente a una
iglesia? A misa, a un funeral, a una boda, a un bautizo,
quizá a confesarse. ¿A rezar? Algunas personas mayores van
también a eso.
A no ser que se trate de una iglesia-monumento, como ocurre
en no pocas catedrales. Pero en este caso, con frecuencia,
hay que pagar para entrar, como se paga la entrada a un
museo, a una exposición o cosas así. Antiguamente, cuando no
había tele ni otras formas de distraerse, iba mucha gente a
los sermones. Ahora, eso es más raro.
Pero, volviendo a los sacramentos, si se piensa despacio,
lo que uno ve en las parroquias, es que la gran mayoría de
la gente acude a ellas porque allí es donde se administran
los sacramentos: bodas, bautizos, comuniones. También va
mucha gente a los entierros, que en definitiva son una misa,
“misa de difuntos”.
Y los domingos y “días de precepto”, los que siguen fieles
a eso, van a alguna iglesia a “cumplir con el precepto”. Por
supuesto, en las parroquias se organizan reuniones: de
catequesis, de Cáritas, de tal cofradía… Pero también es
cierto que muchas de esas reuniones giran en torno a loa
sacramentos: reuniones de preparación al bautismo, a la
confirmación, al matrimonio…
No es ningún disparate decir que, si en una parroquia se
suprimieran los sacramentos, ¿no sería eso algo así como
dejar al párroco y su parroquia en el paro? ¿no se quedaría
aquello en una especie de vacío, sin saber qué hacer, ni el
cura ni los feligreses?
La cosa está clara: la Iglesia se ha organizado de forma
que se ha convertido en un HIPER de religiosidad
sacramental. Y lo más notable es que todo esto se ha
organizado así con el convencimiento de que así es como
tiene que funcionar la Iglesia. Sin pararse a pensar en
serio que Jesús no se dedicó a todo este montaje sacramental
en el que la Iglesia ha puesto sus cinco sentidos.
Y lo ha hecho así, basándose en una teología, que se da por
segura y por indiscutible, cuando en realidad es sumamente
discutible, como explicaré en días sucesivos.
De momento, sólo quiero fijarme en un punto, que me parece
capital. Me refiero a que la práctica de los sacramentos,
tal como está organizada, es un instrumento de control y
de poder, que resulta sumamente eficaz para que el clero
pueda imponerse y dominar a los laicos. No discuto ahora el
valor sobrenatural de los sacramentos.
Lo que digo es que los sacramentos están legislados y
controlados (por la autoridad jerárquica) de forma que
practicar los sacramentos equivale a someterse al clero.
Porque es el clero el que los administra. Y los administra
de manera que el cura puede negar el bautizo, la boda, la
comunión… a quien considere que no es digno, (según las
normas establecidas e interpretadas por el cura de turno)
por ejemplo, de comulgar o de recibir la absolución de los
pecados en un confesionario.
Este asunto es muy serio. Y en Roma lo toman así, muy en
serio. La Curia Vaticana controla severamente a cada obispo
para que en su diócesis se administren los sacramentos
ajustándose escrupulosa-mente al ritual y a las normas. Cada
obispo se preocupa de que cada cura sea obediente a lo
prescrito en esta materia. Y cada sacerdote tiene sumo
cuidado para que nadie le pueda llamar la atención en el
sentido de que no dice la misa como hay que decirla o que
hace cosas que se salen de las normas.
La consecuencia es que quien quiere seguir siendo católico,
no tiene otra salida que aceptar este sistema, someterse a
él sin protestar, y, para casos “especiales”, buscarse un
cura amigo, a ver si se atreve a que le den la comunión a un
amigo homosexual, a un divorciado, a…, ¡cualquiera sabe!
En todo caso, es evidente que el control de la Iglesia en
cuanto se refiere a los ritos sacramentales es mucho más
riguroso que en cuanto afecta a la vida que llevan los
curas, los frailes, las monjas; en tema de dinero, de
ambiciones de poder y de trepar, etc, etc. ¡Qué pena da esta
Iglesia!
Con tanto hipersacramentalismo le va bien. Porque
así tiene poder, conserva el poco poder que le queda. Y, de
camino, gana dinero.
Porque es un hecho que vivir como vivió Jesús, eso lo único
que acarrea son problemas. Problemas con las autoridades,
problemas con la gente de dinero, con mucha gente de
derechas y con algunos de izquierdas también. Por eso, lo
más seguro y lo más rentable es seguir con lo que estamos y
como estamos. A ver lo que esto dura… ¿Hasta cuándo?
José
María Castillo
josemariacastillo