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COMUNICACIÓN DE JON SOBRINO

AL 27º CONGRESO DE TEOLOGÍA

 

 

A mis amigos y amigas

del XXVII Congreso de Teólogos de la Asociación Juan XXIII

 

 

Me ha llamado por teléfono una buena amiga y me ha contado el recuerdo cariñoso para conmigo que esta tarde habéis tenido en el Congreso. Quiero deciros de verdad "gracias", la palabra más humana y cristiana que sé. .

 

Gracias a todos y a todas, a las redes cristianas y a Loreto Rey, a Julio Lois y a Juanjo Tamayo, amigos y colegas desde hace años, y a Pepe Castillo y Alfredo Tamayo, especialmente cercanos por haber estado juntos en El Salvador y por haberme precedido a mí y a muchos otros en años, en teología y en la fe.

 

Quiero deciros también que me siento muy cercano a este congreso que celebra ya 27 años. En1981, el primero, estuvo Ignacio Ellacuría y habló de los pobres y la pobreza. Yo estuve la primera vez, 1982. Conocí a mucha gente buena, entre otros al obispo Iniesta, a quien recuerdo muy bien, y hablé sobre la esperanza. De otros congresos recuerdo a Díez Alegría, que nos levantaba la moral con su fe, su humor y su esperanza. Y a unas religiosas que habían estado en Africa con refugiados de Rwanda y Burundi. De ellas aprendí lo que he llamado "la santidad primordial".

 

El congreso es siempre una casa abierta para todos donde se puede tratar los problemas que preocupan a humanos y cristianos. Me alegra que este año hayáis tratado el tema "Fui emigrante y me acogisteis".

 

Recordáis a los salvadoreños que arriesgan mucho para poder conseguir vida en el país del norte, comunicar también vida a nuestros hermanos y hermanas de allí y crecer así en solidaridad. Y recordáis a los hermanos de Africa que han podido llegar a vuestra tierra. A los centroamericanos que han quedado en los desiertos de Arizona y a los africanos que han quedado en el fondo del Atlántico, nuestro cariño y nuestro compromiso para siempre. Don Pedro Casaldáliga os lo ha dicho mucho mejor.

 

Me uno a la eucaristía que celebráis el domingo. He estado en varias de ellas. Una vez con un sacerdote del Africa negra, que nos hizo cantar, creo que en suawhili, y nos unió a todos entrañablemente. Como decía san Agustín, ese día rezamos dos veces.

 

En la eucaristía que estáis, y estamos celebrando, con muchos testigos, Romero y Munzihirwa, en la presencia  de nuestro hermano mayor Jesús y de nuestro Padre y Madre Dios os envío un abrazo fraterno de solidaridad y de paz,

 

Jon Sobrino