LO QUE NO PUEDO CALLAR
DE LA VISITA DEL PAPA
No puedo menos de preguntarme si esta visita es lo
que necesita nuestra sociedad, e incluso lo que
necesitamos los cristianos. No sé si necesitamos una
visita papal, así, con trato de especial jefe de
estado, y el boato que mantiene en su peculiar
dirección de la Iglesia Católica. Lo que sí sé es,
que de ningún modo es normal, que en una situación
de crisis como la que vivimos, este viaje suponga un
añadido económico a lo que hemos de pagar los
ciudadanos, menos cuando muchos no son creyentes.
Dijo el Papa que llegaba a España como un peregrino
más. No, los peregrinos no van así a Santiago. Van
de un modo mucho más pobre, más desapercibidos.
Llevan lo mínimo en la mochila, nadie les cuida ni
protege, excepto el mismo camino y los que caminan
junto a él. No reciben trato especial, porque el
camino los iguala. Algo así recomendó Jesús a sus
discípulas y discípulos para sus viajes de
predicadores de su mensaje.
Yo sigo soñando que un día leeré un gran titular en
la prensa: El Papa ha decidido dejar el Vaticano.
Ha deshecho la curia y dona todo su patrimonio a los
millones que mueren diariamente de hambre o a los
que malviven con menos de un euro diario, y se va
como Jesús, a ejercer su misión entre los más
humildes, sin distinguirse por sus ropajes, por su
autoridad, por su poder. No deja que le llamen “su
santidad”, porque sólo uno es santo… Así como Jesús,
que su único poder fue la entrega.
Entonces muchos se preguntarían qué mueve a un
hombre a un cambio tan grande. Sentirían respeto, y
quizás su Dios convencería, porque entonces verían
la congruencia.
Sueño con un hombre mayor, tierno y bondadoso, de
gesto amigo, tolerante y en diálogo abierto con los
que no siguen sus principios, porque los años le han
llenado de sabiduría. Que valora la cultura y
descubre lo bueno en el fondo de lo que es malo. Que
ama a las mujeres y las tiene entre sus más íntimos,
que confía en ellas las mismas misiones que confía
para sí. Con una vida llena de libertad moral que le
permite denunciar las injusticias de cualquier tipo
de poder. Sigo soñando.
He leído con atención su homilía en Barcelona, y en
el telediario de anoche vi las imágenes de su
llegada a la ciudad condal.
Él ha dicho que “La
Iglesia no tiene consistencia por sí misma; está
llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura
docilidad a su autoridad y en total servicio a su
mandato”.
Pero yo me pregunto si es signo de Cristo. Si Jesús
quería todo esto y por ello dio la vida.
Ha vuelto a hablar de la familia, pero su mensaje no
ha sido para “todas” las familias, en sus diferentes
formas como hoy se dan en la sociedad. Yo quisiera
que “todas” las familias, las que son de matrimonios
separados, las monoparentales, las formadas por
homosexuales, las que son mujeres u hombres que han
acogido hijos, pero no viven en pareja. Las de los
separados que han creado una nueva familia con otra
pareja acogiendo a los hijos que no han engendrado
en común…
Si Dios es amor, bondad y belleza, ¿no verá lo bueno
del amor en esas familias y su belleza, y las
bendecirá? ¿No hubiera tenido Jesús cualquiera de
esas familias de haber nacido en la sociedad
española actual? Porque él tuvo la típica familia de
la sociedad judía del siglo primero.
Podemos creer las mujeres que la Iglesia lucha por
nuestra dignidad, cuando dice: “la Iglesia aboga
por adecuadas medidas económicas y sociales para que
la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su
plena realización”. ¿Puede la mujer encontrar su
plena realización cuando no tiene libertad para
decidir sobre su maternidad?, es más, ¿qué puede
creer la mujer de la Iglesia, cuando sabe que su
jerarquía desde los primeros siglos no otorga un
trato de igualdad y reconocimiento de los valores y
capacidades de la mujer?
La historia muestra como la ha sometido, relegado,
condenado, dudado de su capacidad intelectual, moral
y religiosa. Defiende de la mujer su capacidad de
engendrar hijos, pero no le otorga el respeto y
confianza para que decida sobre cómo y cuándo o por
qué no engendrar.
Me duelen olvidos muy importantes del Papa al hablar
de la familia. Ha olvidado denunciar que casi
diariamente mueren mujeres de manos de sus parejas.
Ha olvidado también la situación de dolor que viven
muchísimas familias que han perdido la vivienda por
no poder pagar la hipoteca. No ha hablado a muchas
familias en las que ninguno de los dos tiene
trabajo. Y no ha denunciado a los responsables de
esa situación exigiéndoles las medidas necesarias
para que se equilibre con justicias los desniveles
entre los que acaparan y los que no tienen o los que
van perdiéndolo todo.
No sé si son imperdonables estos olvidos. No sé si
la caricatura de El Roto del País del viernes
pasado, tiene mucho de evangélica. Decía: informado
de la próxima visita del Papa, Jesús se retiró al
desierto.
El Evangelio cuanta que Jesús se retiró al desierto
para iniciar un cambio en su vida. Se fue a las
filas de Juan el Bautista y se bautizó para iniciar
un camino que le llevaría a la muerte por su
compromiso, porque su vida molestaba a los que no
querían entenderle, a los que no les convenía
cambiar.
El Evangelio, dice
José Mª Castillo,
“es la recopilación de
“recuerdos”, el recuerdo peligroso de la libertad
que cuestiona todas nuestras opresiones, nuestros
miedos, nuestros desalientos, nuestras cobardías y
también nuestras seguridades. Por eso el Evangelio
es memoria subversiva, que nos descubre horizontes
insospechados de libertad y autenticidad. Sólo así
podremos recuperar el significado y la práctica de
la Religión de Jesús”.
Ojalá recuperemos el Evangelio en nuestra Iglesia y
en nuestras vidas, entonces seremos signo de lo que
Jesús fue.
Matilde Gastalver Matín