POR UNA MEJOR JMJ
Se ultiman los detalles de la Jornada Mundial de la
Juventud (JMJ) que se va a celebrar del 16 al 21 de
agosto en Madrid. Un acontecimiento tan importante
que va a congregar a millares de jóvenes nos debe
mover a la responsabilidad de calibrar muy bien el
sentido, el contenido y la finalidad de lo que
pretendemos.
Porque es muy fácil el caer en la tentación del
triunfalismo, el predominio de la imagen y la
ilusión del número de los asistentes para tener el
éxito garantizado. Pero no es el éxito lo que
debemos buscar, sino el que todos, jóvenes y
adultos, emprendamos una nueva andadura en nuestro
caminar humilde y solidario por la ruta de Jesús,
esquivando y criticando la miopía de los satisfechos
y las incoherencias de nuestra fe.
Nuestros jóvenes viven alejados de la Iglesia. Según
el informe de la Fundación Santamaría “Jóvenes
españoles 2010” la Iglesia aparece en el último
lugar entre las instituciones en las que confían los
jóvenes. Solo el 3% considera que la Iglesia dice
cosas importantes. Aunque el 53% se confiesa
católico, solo el 10,3% es practicante (en algunas
regiones este porcentaje es mucho menor) y el 1,6%
pertenece a una asociación religiosa. El 53% afirma
que cree en Dios sin la Iglesia. En este contexto
nos disponemos a celebrar la JMJ.
Desde estos parámetros no sería bueno dar la imagen
de un acto en el que el Papa recibe un baño de
multitud de jóvenes incondicionales y
enfervorecidos. Más coherente sería la imagen de un
Papa que junto con los jóvenes, reflexiona y dialoga
sobre la situación del mundo, el alejamiento de
nuestros jóvenes de la religión y mucho más de la
Iglesia, la pobreza y la exclusión de muchos de
ellos, la indignación que todo esto nos provoca y la
propuesta de vida y de liberación que es Jesucristo
y su mensaje: la necesidad que todos tenemos de
conversión al Evangelio.
Los organizadores del evento deberían tener puesto
un ojo en los asistentes y otro en los alejados, en
los que no van a estar, en los que indignados han
llenado las plazas de nuestras ciudades y en lo que
ni siquiera han tenido motivos para movilizarse y
permanecen en una situación de apatía, pobreza,
desarraigo…, en los pobres y excluidos por este
sistema.
Si los indignados son la parte más visible de los
jóvenes, las manifestaciones realizadas por algún
dirigente eclesial no propician el acercamiento.
Algún medio de comunicación de nuestra Iglesia ha
pedido insistentemente la actuación de la policía
para desalojarlos. ¿Esta es la señal de que nuestra
ley es el amor? Y se les ha dicho que su problema es
que no tienen esperanza, que les falta a Jesucristo.
Pero ¿cómo podemos ser consecuentes con nuestra fe
repartiendo culpas entre los demás?
Si no tienen esperanza, ¿será que se la hemos
quitado? Si les falta a Jesucristo, ¿qué hemos hecho
para evitarlo? ¿Qué dificultades les hemos creado y
les estamos creando en la actualidad?
En suma, que el Papa no deberá ser la estrella en
torno a la cual gira todo en esta calurosa semana.
Debería remitirnos a Jesucristo, a los pobres, y
ayudarnos a responder sinceramente a los
interrogantes mencionados. ¡Que la “Fundación Madrid
Vivo” y su eminentísimo y purpurado presidente, no
den señales de muerte!
José Sánchez Luque
Somos Iglesia Andalucía