MANIFIESTO DE LOS SACERDOTES AUSTRÍACOS
Llamada a la desobediencia
El rechazo de Roma a una largamente esperada reforma
de la Iglesia y la inactividad de nuestros obispos
no solo nos permiten sino que incluso nos obligan a
seguir nuestra propia conciencia y actuar de manera
independiente.
Nosotros, sacerdotes, queremos dejar establecidos
para el futuro los siguientes signos:
1.
En adelante en todas las misas rezaremos una oración
por la reforma de la Iglesia. Tomaremos en serio las
palabras de la Biblia, pedid y recibiréis. Ante Dios
existe la libertad de expresión.
2.
No negaremos, en principio, la Eucaristía, a los
fieles de buena voluntad. Con especial referencia a
los divorciados en segundo matrimonio, a los
miembros de otras Iglesias cristianas y en algunos
casos también a los católicos que han abandonado la
Iglesia.
3.
Evitaremos, en lo posible, celebrar más de una Misa
los domingos y los días de fiesta o de encargarlas a
los sacerdotes que están de paso o no son
residentes. Es mejor celebrar una Liturgia de la
Palabra localmente organizada que turnos litúrgicos.
4.
Organizaremos en el futuro la liturgia de la palabra
con distribución de la comunión como una “Eucaristía
sin sacerdote” y así la llamaremos. De esta forma
cumpliremos con nuestra obligación dominical cuando
falten sacerdotes.
5.
Rechazaremos igualmente la prohibición de predicar
para laicos competentes y cualificados y profesoras
de religión. Es necesario anunciar la Palabra de
Dios en tiempos especialmente difíciles.
6.
Nos comprometeremos a que cada parroquia tenga su
propio superior, hombre o mujer, casado o soltero, a
tiempo completo o parcial. No por medio de fusión de
parroquias sino mediante un nuevo modelo de
sacerdote.
7.
Por lo tanto vamos a aprovechar todas las
oportunidades de manifestarnos públicamente a favor
de la ordenación de las mujeres y de las personas
casadas. Los vemos como colegas y como colegas
bienvenidos al servicio pastoral.
Nos sentimos solidarios además con aquellos que a
causa de su casamiento no pueden seguir ejerciendo
sus funciones y también con quienes, a pesar de
mantener una relación, continúan prestando su
servicio como sacerdotes.
Ambos grupos siguen con su decisión los dictados de
su conciencia como lo hacemos nosotros con nuestra
protesta. Os vemos como “hermanos nuestros”, como al
Papa y los obispos. No sabemos qué otra cosa debe
ser un “co-hermano”. Uno solo es nuestro Maestro y
todos somos hermanos y hermanas, como deberíamos
llamarnos entre cristianos y cristianas.
Por lo tanto es por eso que queremos rebelarnos, eso
es lo que queremos que suceda y por eso queremos
rezar. Amén.
Domingo de la Trinidad, 19 de junio de 2011
Traducción del alemán por Susana Merino