IGLESIA      

                             
                              

 

                            

                                   cristianos siglo veintiuno
ÍndicePágina Principal

 

  

   

CRISIS EN LA IGLESIA GUIPUZCOANA

 

Difícil papeleta la de la Santa Sede, a donde ya han llegado los rumores de una crisis sin precedentes en la historia moderna de la Iglesia vasca. Desde su consagración episcopal en la catedral del Buen Pastor, en enero de 2010, José Ignacio Munilla y la mayoría de los católicos guipuzcoanos han convivido a trancas y barrancas. No ha habido tregua, ya que el mismo protagonista ha decidido convertirse en ariete contra lo que considera una iglesia secularizada y alejada del boato y la mística de la que él tanto disfruta. Hay quien lo define como «un obispo del siglo XIX transportado al XXI».

Los seguidores del obispo son minoría, como lo reflejan los sucesivos documentos y manifiestos rubricados por el 80% de los sacerdotes, religiosos y laicos de Gipuzkoa, en apoyo del ex franciscano José Arregi, criticando la elección del mismísimo Munilla Aguirre o para respaldar a José Antonio Pagola.

Los críticos con Munilla siempre defendieron que el que fue obispo de Palencia llegaba a Donostia para imponer otro modelo de Iglesia alejado del último Concilio. Entró suave en la sede episcopal pero pronto mostró maneras, especialmente cuando presionó al superior de Arantzazu para que reprendiera a José Arregi por su modo de ver la Iglesia.

La decisión de no escuchar al Consejo del Presbiterio e imponer el traslado de tres seminaristas a Iruñea, uno de los puntos de referencia del catolicismo integrista, ha sido la gota que ha colmado el vaso. La mayoría de los sacerdotes guipuzcoanos mantienen estos días cónclaves en sus arciprestazgos para analizar el rumbo que ha imprimido Munilla a su episcopado y valoran los pasos a dar. En los encuentros se apuntan los ejes de un documento de respuesta, que pretenden hacer llegar a Roma.

Anteriores apelaciones, tanto en el caso de Gipuzkoa como en Bizkaia, no fueron escuchadas por Roma. La Iglesia católica es así y no se aventuran cambios copernicanos. El futuro se presenta pues muy negro para lo que ha sido hasta ahora, en el último medio siglo, la Iglesia guipuzcoana.

El «desembarco de curas munillistas» es un secreto a voces en Gipuzkoa y ya nadie oculta que se trata de una estrategia bien calculada por el obispo. En las parroquias del centro de la capital, por ejemplo, se han producido relevos motivados por algunas jubilaciones. «Está trayendo curas del movimiento al que él pertenece, Loyola, que estaban repartidos por Nafarroa, Getafe y Alcalá, y los han nombrado párrocos incluso antes de estar incardinados en la diócesis», desvelan. El enfado cada vez va a más entre la propia feligresía.

La mayoría de los presbíteros acusan al prelado de no cumplir su palabra. «Dijo que no iba a traer y nombrar como párrocos a curas de otras latitudes próximos a su línea doctrinal y no lo ha cumplido. En Zumarraga, donde se encuentra el núcleo duro de sus seguidores en Gipuzkoa, ha nombrado -desvelan- a un cura cubano y a otro tradicionalista venido de Iruñea. Era guipuzcoano -apostillan los católicos consultados- pero estaba en la capital navarra y lo ha rescatado. Aún más grave les parece la posibilidad que se ha ofrecido desde el gobierno de la diócesis de que curas mexicanos sustituyan a los titulares que vayan a disfrutar de sus vacaciones estivales.

Laicos y sacerdotes son conscientes de que esta maniobra está bien calculada por José Ignacio Munilla. «Lo hace en verano para paliar las protestas en los pueblos, a la vez que tiene a todo su «aparato volcado en tratar de que la aportación guipuzcoana a la Jornada Mundial de la Juventud de agosto en Madrid no resulte un fracaso absoluto. Es una estrategia bien pensada», subrayan.

A ello hay que sumar la decisión de dedicar una parroquia, la de San Martin Obispo, en la calle San Martin, a la adoración permanente del Santísimo. Quienes observan con estupor el lenguaje «místico» que emplea José Ignacio Munilla, consideran que ese templo se consagrará a espacio de confesión «con un retén de uno o varios curas que lo haga posible con un amplio horario de servicios a tales menesteres».

En la última reunión del Consejo Presbiterial, el prelado acusó a los curas guipuzcoanos de no confesar y de estar secularizados como la sociedad de la que forman parte. La decisión de dedicar una iglesia en pleno centro de Donostia a la confesión, explica un miembro de la comunidad diocesana, «es algo que ya habían hecho los otros obispos neoconservadores vascos, como Marc Aillet en Baiona, Francisco Pérez en Iruñea y Mario Iceta en Bilbo. Son directrices que son del gusto de los reformadores adeptos a Joseph Ratzinger».

El Papa está preocupado por el alejamiento de los católicos del sacramento de la confesión y su reacción, que tendrá su expresión pública el 20 de agosto en Madrid, en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), será escuchar los «pecados» de un grupo de jóvenes. Benedicto XVI ha encargado a la Congregación vaticana para el Clero de la Sede Apostólica la redacción de un manual dirigido a los sacerdotes, en el que se ofrecen indicaciones prácticas sobre cómo administrarlo y recibirlo mejor, además de rescatar la figura del director espiritual. Munilla sabe lo que hace y no pierde ocasión para contentar a Roma.

El próximo escándalo que se avecina es la intención del obispo que implantar el nuevo catecismo de la Conferencia Episcopal Española. Existen sospechas en la comunidad diocesana, principalmente entre los laicos, de que Munilla pretende cambiar los materiales que niños y niñas emplean en la catequesis. Otro conflicto a la vista, previsiblemente en otoño.

Agustín Goikoetxea

[Extracto]