EVANGELIOS Y COMENTARIOS
Comentarios de Patxi Loidi
Comienza el año litúrgico del ciclo C, cuyo evangelio preferente es el de Lucas.
El Adviento es el primer tiempo del año litúrgico. Nos prepara para la Navidad. Une cuatro experiencias:
· La espera del Mesías en el Antiguo Testamento.
· La espera de la vuelta del Señor de los primeros cristianos, que al principio les parecía próxima, aunque luego vieron que no tiene fecha.
· La expectación de María ante la inminente llegada de su Hijo al mundo.
· La actitud particular de todo buen creyente, que espera y ansía la venida del Señor a su persona, una y otra vez, para unirse más y más con él.
Introducción al pasaje de hoy.
En el Judaísmo del tiempo de Jesús estaba muy extendida la corriente apocalíptica, que esperaba el fin próximo del mundo. Ese final sería obra directa de Dios. Se realizaría con grandes catástrofes cósmicas, para purificar el mundo, eliminar a los malos y establecer su Reinado de Dios definitivo. Muchos cristianos participaban en parte de estas ideas y unían el fin del mundo con la vuelta o segunda venida del Señor.
El pasaje de hoy tiene ese trasfondo, pero no marca fechas. Nos invita a vigilar y orar en todo tiempo. Y nos transmite confianza, porque con Jesús llega nuestra salvación.
Todo ello es muy distinto del fundamentalismo apocalíptico, que hoy resurge, por ejemplo en los Testigos de Jehová. Ese fundamentalismo se apoya en la lectura literal de la Biblia, pero toma los textos a su gusto, porque el evangelio nunca marca fechas. Ellos las marcan; y de esa forma fomentan el morbo del fin del mundo.
Como todos los tiempos de preparación, el adviento –y este pasaje- tiene también un tono de exigencia y cambio. Pero es alegre, porque esperamos al Salvador. Sabemos que el Señor no quiere la religión del miedo. El miedo se ha de cambiar por la confianza. A pesar de los graves males del mundo, levantaré la cabeza, trabajaré por esa liberación integral, que se va acercando a mí mismo y a tantas personas.
Comentarios de Pedro Olalde
Parece probable que Jesús participó de la creencia de un fin del mundo próximo. Este era el sentir común de aquella época. Por lo demás, sabemos que, a pesar de la insistencia de algunos grupos religiosos sobre el fin del mundo, todos los indicios señalan que no ocurrirá, a menos que el hombre con su irresponsabilidad provoque algún Apocalipsis con una guerra atómica.
Los mensajes de estos textos están envueltos en IMÁGENES. La más general de todas es la “venida del Señor”, el Hijo del Hombre, que viene entre nubes con poder y gloria. La imagen, el aparato teatral de las nubes… son vestidos más o menos acertados de un contenido fundamental.
El contenido de esta imagen nos importa mucho: creemos que la aventura humana (la mía personal y la de todos) acaba bien, acaba en el triunfo, por la fuerza divina que está metida en esa aventura.
Contra los que piensan que no hay por qué buscar sentido ni finalidad a las cosas, a la creación, a la humanidad, a la vida personal, defendemos que esto es un proyecto, un sueño de Dios, el parto de una familia de hijos que Dios engendra y saca adelante. Hay sentido, hay proyecto, hay trabajo que hacer, personal y social.
Contra los catastrofistas que creen sólo en el Dios juez y ven sólo los pecados del mundo, defendemos que el reino de Dios está aquí, que la levadura está en la masa, que Dios es esa levadura, la semilla que germina; que es el Libertador, el Padre que trabaja por sus hijos, y que hay muchos hijos; que en todas las personas hay mucho de hijo, y que la aventura acaba bien, por la fuerza del Espíritu, porque Dios nos quiere y es poderoso, porque está aquí su Viento, su Espíritu.
Lo que tanto miedo nos suele causar, el JUICIO, es ni más ni menos esto: que, al final de todo, resplandecerá la verdad. La verdad es Dios. Jesús, la Palabra de Dios, anuncia la verdad. Dios no es juez. Se usa la imagen de un juicio final, pero es una imagen, como todas las del género apocalíptico.
El evangelio nos apremia a vivir en la verdad y apartarnos del egoísmo, la soberbia, la mentira, la avaricia, el hedonismo o el consumismo. Todo esto no pertenece al reino de Dios y se perderá.
En cambio, la amistad que se llegó a crear entre personas, la bondad que se fue sembrando en la vida…, todo eso sobrevivirá a la muerte. Nos aguarda lo insospechable (1Cor 2,9). Somos actores de la gran epopeya del éxodo hasta el cielo nuevo y la tierra nueva.