EVANGELIOS Y COMENTARIOS   

                             
                              

 

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Lucas 15, 1-3 (4-10) y 11-32

 

 

1 Todos los recaudadores y descreídos se le iban acercando para escucharlo; 2 por eso tanto los fariseos como los letrados lo criticaban diciendo:

 

- Éste acoge a los descreídos y come con ellos.

 

3 Entonces les propuso Jesús esta parábola:

 

4 - Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la descarriada hasta que la encuentra? 5 Y cuando la encuentra, se la carga a hombros, muy contento; 6 al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Dadme la enhorabuena! He encontrado la oveja que se me había perdido".

7 Os digo que lo mismo dará más alegría en el cielo un pecador que se enmienda, que noventa y nueve justos que no sienten necesidad de enmendarse.

 

8 Y si una mujer tiene diez monedas de plata y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? 9 Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas para decirles: "¡Dadme la enhorabuena! He encontrado la moneda que se me había perdido".

10 Os digo que la misma alegría sienten los ángeles de Dios por un solo pecador que se enmienda.

 

11 Y añadió: -Un hombre tenía dos hijos; 12 El menor le dijo a su padre:

 

- Padre, dame la parte de la fortuna que me toca. El padre les repartió los bienes.

 

13 A los pocos días, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo como un perdido. 14 Cuando se lo había gastado todo, vino un hambre terrible en aquella tierra, y empezó él a pasar necesidad. 15 Fue entonces y buscó amparo en uno de los ciudadanos de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. 16 Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pues nadie le daba de comer. 17 Recapacitando entonces se dijo:

 

- Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre. 18 Voy a volver a casa de mi padre y le voy a decir: “Padre, he ofendido a Dios y te he ofendido a ti; 19 ya no merezco llamarme hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros”.

 

20 Entonces se puso en camino para casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y se conmovió; salió corriendo, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. 21 El hijo empezó:

 

- Padre, he ofendido a Dios y te he ofendido a ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.

 

22 Pero el padre dijo a sus criados:

 

- Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; 23 traed el ternero cebado, matadlo y celebremos un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y se le ha encontrado. Y empezaron el banquete.

 

25 El hijo mayor estaba en el campo. A la vuelta, cerca ya de la casa, oyó la música y la danza; 26 llamó a uno de los mozos y le preguntó qué pasaba. 27 Éste le contestó:

 

- Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha mandado matar el ternero cebado por haber recobrado a su hijo sano y salvo.

 

28 Él se indignó y se negaba a entrar; su padre salió e intentó persuadirlo, 29 pero él replicó a su padre:

 

- A mí, en tantos años como te sirvo sin saltarme nunca un mandato tuyo, jamás me has dado un cabrito para hacer fiesta con mis amigos; 30 en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, matas para él el ternero cebado.

 

31 El padre le respondió:

 

- Hijo, ¡si tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo! 32 Además, había que hacer fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a vivir, andaba perdido y se le ha encontrado.

 

 

Comentarios de Pedro Olalde

 

En el capítulo 15 de Lucas se narran tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida y la parábola del hijo perdido. Y es que a los fariseos y los letrados no les cabe en la cabeza que Jesús simpatice con recaudadores y descreídos, que se le acercaban para escucharle.

 

La tercera se conoce tradicionalmente como parábola del hijo pródigo. Hay textos paralelos en las literaturas antiguas (babilónica, cananea, etc., y en los papiros griegos). Pero ninguno de ellos puede compararse con el vigor poético o la intensidad emotiva de esta parábola de Jesús. Constituye una de las páginas más bellas de la literatura bíblica y del Evangelio de Lucas, justamente llamado el Evangelio de los marginados.

 

Se trata de un terrateniente judío de desahogada posición económica. El contraste en la narración es de lo más hiriente: un joven judío de buena familia, obligado a hacer de porquerizo. El cerdo, animal de pezuña partida, se considera “impuro” en el judaísmo por no ser rumiante.

 

En la ofensa que ha hecho a su padre, el hijo reconoce una dimensión más profunda: la ofensa al propio Dios. Es un verdadero arrepentimiento por lo que había hecho a su padre y por su propia irresponsabilidad.

 

La figura representativa de cómo es Dios Padre está aquí. Rompe todas las medidas, usos y costumbres. El padre no atiende a las  explicaciones del hijo y toma decisiones que expresan un amor fuera de todos nuestros esquemas.

 

El hijo mayor se escandaliza del recibimiento del padre a su hijo perdido. Representa a los escribas y fariseos, que criticaban que Jesús acogía a los pecadores.

 

Al padre le importa el hijo porque le ama, le perdona de todo corazón y se llena de alegría por su vuelta. A Dios le importan las personas, tanto que al decir de algunos, en su amor y perdón. Dios se pasa.

 

 

 

Comentarios de Patxi Loidi

 

A Jesús lo acusaban los buenos de andar con gente de mala vida. Jesús se defiende apelando a Dios con las tres parábolas de la misericordia. La justificación de Jesús es que Dios los ama y los busca; y lo mismo hace él. Con esto nació el mejor retrato de Dios de toda la Biblia.

 

Recordemos que estamos en cuaresma y que ésta avanza. El domingo pasado la liturgia nos hacía un fuerte llamamiento a la conversión. Hoy vemos a un Dios que sólo sabe amar. Es un amor tan imprudente que puede abandonar las 99 ovejas para buscar a la perdida; tan atrevido, que acoge a su hijo judío que se ha hecho pagano; un Padre cuyo amor no tiene restricciones para nadie, nadie queda fuera de los límites de la misericordia de Dios.

 

Yo ¿quién soy: el hijo menor o el hijo mayor que se parece a los fariseos? ¿Qué comportamientos he tenido en mi vida personal y con los pecadores?

 

El hijo mayor es un asalariado. Trabaja en la hacienda de su padre, pero no actúa como un hijo, ni como un hermano de su hermano: no quiere entrar a la fiesta; quiere cerrarle la puerta a su hermano. ¿Le reprocho al padre su misericordia? ¿Les cierro la puerta de la sociedad a los pobres y marginados con mis lujos e injusticias, con mi pecado de omisión? Pero el padre también acoge al hijo mayor, le enseña a ser buen hijo y buen hermano. ¡Qué Padre más maravilloso es nuestro Dios!

 

 

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