EVANGELIOS Y COMENTARIOS
Lucas 3, 1 - 6
1 El año quince del gobierno de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide y Lisanio tetrarca de Abilene, 2 bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, un mensaje divino le llegó a Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto.
3 Recorrió entonces toda la comarca lindante con el Jordán, proclamando un bautismo en señal de enmienda, para el perdón de los pecados, 4 como está escrito en el libro del profeta Isaías: Una voz clama desde el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos: 5 que todo valle se rellene, que todo monte y colina se abaje, que lo torcido se enderece, lo escabroso se allane, 6 y vea todo mortal la salvación de Dios” (Is 40,3-5).
Comentario de Patxi Loidi
El evangelio de hoy nos presenta el comienzo de la misión de Juan Bautista, que está vinculada a la misión de Jesús. Juan Bautista es el precursor, palabra que significa el que va delante. Juan Bautista es el precursor de Jesús y le prepara el terreno.
Tanto el bautismo de Juan como las palabras que dice nos invitan a la conversión. Hay que empezar una vida nueva, porque viene Jesús, el enviado de Dios, el Mesías.
Esto se expresa a través de la cita de Isaías, que se refería al exilio de Babilonia y a su vuelta, que iba a ser un nuevo éxodo. Dios iba a guiar otra vez a su pueblo a través del desierto, a la tierra prometida, que será en adelante una tierra espiritual, la comunidad de Jesús, que nos ofrecerá una vida nueva, la verdadera vida humana, que es también vida divina.
Habla de ‘rellenar los barrancos’, ‘rebajar los montes y cerros’, ‘poner recto lo torcido o tortuoso’, ‘allanar los caminos desiguales’. Son imágenes para hablar del cambio. Tienen dimensión social, además de personal.
La cita de Isaías pone a Juan Bautista y Jesús en relación con la tradición profética del Judaísmo, y no con otras tradiciones más institucionales y legalistas.
Este pasaje tiene un comienzo muy solemne, con menciones del Emperador y de los grandes personajes de Palestina, como hacían los buenos escritores de aquella época. Parece un nuevo comienzo del evangelio, que ya fue igualmente solemne.
El año quince de Tiberio César, sucesor del emperador Augusto, podría ser el 28 ó 29 de nuestra era. Es sabido que, por un error de cálculo, la era cristiana quedó fijada en unos años antes del nacimiento de Jesús.
Poncio Pilato fue prefecto de Judea en los años 26-36 de nuestra era. Fue un político severo y administrador arbitrario que no supo congraciarse la benevolencia de la población judía.
Herodes (Antipas) y Filipo gobernaron unos 40 años cada uno. Eran hijos de Herodes el Grande, cuyo enorme poder quedó en poca cosa después de su muerte, con la división de su reino. Junto con Lisanias, son tres gobernantes insignificantes.
Anás fue sumo sacerdote del 6 al 15 de nuestra era; y Caifás, su yerno, del 18 al 37. Tenían esa autoridad porque Roma lo consentía.
Comentario de Pedro Olalde
La introducción de Lucas, al estilo de los historiadores de la época, encuadra el acontecimiento JESÚS dentro de la historia profana y de la historia religiosa. Lucas se esmera tanto en dar a entender que el personaje Jesús, a quien va a presentar, es incomparable en la escena social y religiosa.
Relaciona la llamada de Juan con la vocación de los profetas del Antiguo Testamento, y así queda especificado el carácter profético de la misión de Juan.
Juan es un predicador itinerante que, mediante una ablución ritual, intenta provocar en los asistentes una metanoia, un cambio de mentalidad, una conversión.
Es muy probable que Juan se educara en la comunidad de los esenios. Para los esenios era absolutamente inútil someterse al rito de la ablución, con el que se entraba a formar parte de la comunidad, si no existía una verdadera intención de abandonar la vida de pecado
Pero el modo de preparar ese camino al Señor es diferente: para los esenios consiste en el estudio y la observancia de la ley y los profetas; para Juan, en cambio, radica en la aceptación de un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.
Lucas en 3,16 hará una clara distinción entre el bautismo de Juan y el rito posterior del bautismo cristiano, es decir, del bautismo en el Espíritu.
Aunque no se cita, se supone que se trata del desierto de Judea, por su relación con “toda la comarca del Jordán”.