DIEZ MINUTOS EN SILENCIO   

                             
             

 

                             cristianos siglo veintiuno
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Diez minutos en silencio

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Salmo 64

 

Salmo con cara y cruz

 

Salmo bíblico que rezan o cantan los monjes del monasterio

rodeado de álamos, acequias llenas y silencio de pájaros;

o los monseñores del palacio, bien vestidos y bien comidos.

 

 

Oh Dios, tú mereces un himno en Sión,

y a ti se te cumplen los votos,

porque tú escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal

a causa de sus culpas;

Nuestros delitos nos abruman,

pero tú los perdonas.

Dichoso el que tu eliges y acercas,

para que viva en tus atrios:

que nos saciemos de los bienes de tu casa,

de los dones sagrados de tu templo.

 

Con portentos de justicia nos respondes,

Dios salvador nuestro;

Tú, esperanza del confín de la tierra

y del océano remoto;

Tú que afianzas los montes con tu fuerza,

ceñido de poder;

Tu que reprimes el estruendo del mar,

el estruendo de las olas

y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe

se sobrecogen ante tus signos,

y a las puertas de la aurora y del ocaso

las llenas de júbilo.

 

Tú cuidas de la tierra, la riegas

y la enriqueces sin medida;

la acequia de Dios va llena de agua,

preparas los trigales:

riegas los surcos, igualas los terrones,

tu llovizna los deja mullidos,

bendices sus brotes;

coronas el año con tus bienes,

tus carriles rezuman abundancia;

rezuman los pastos el páramo,

y las colinas se orlan de alegría;

las praderas se cubren de rebaños,

y los valles se visten de mieses

que aclaman y cantan.

 

 

Versión del salmo 64 desde el desierto.

 

 

“¿Porqué nos has sacado de Egipto,

para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y al ganado?

¿Está o no está con nosotros el Señor?  Ex. 17, 3 y 7.

 

 

Oh Dios, es increíble que te alaben tus creyentes,

y que cumplan sus promesas.

Porque Tú no escuchas a nadie.

 

A Ti acuden todos, hundidos y amargados

por sus complejos de culpa:

les abruman sus delitos y les pesa su historia.

Pero ¿acaso Tú perdonas a alguien?

 

Desgraciado el que eliges y lo acercas a Ti,

porque acabará fracasado y crucificado.

Guardas tus bienes para los que viven

en el templo y del templo.

Al resto les respondes con desgracias y calamidades.

Y, encima, te llaman el “Dios Salvador.”

 

Tú siembras la tierra de angustia.

El océano, los montes y las nubes

los utilizas como látigo

contra los indefensos, los pobres y pequeños.

 

Esta pobre humanidad vive aterrada.

Y en la aurora y en el ocaso

aprietas su garganta un poco más.

 

Juegas con la tierra, anegas nuestras mieses,

pisoteando nuestras esperanzas.

Tu acequia se llena a tu capricho,

y a tu capricho la secas.

 

Coronas un año con bienes para destrozarlos,

después, con tu granizo.

Las praderas se cubren de rebaños muertos,

y los niños de moscas con sus vientres abultados.