DIEZ MINUTOS EN SILENCIO
Diez minutos en silencio
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Isaías 58, 5-7
¿Es ése el ayuno que el Señor desea?
Mover la cabeza como un junco,
acostarse sobre estera y ceniza,
¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor?
El ayuno que yo quiero es éste:
deshacer los nudos de la maldad,
soltar las coyundas del yugo,
dejar libres a los maltratados,
y arrancar todo yugo.
¿No será partir al hambriento tu pan,
y a los pobres sin hogar recibir en casa?
¿Que cuando veas a un desnudo le cubras,
y de tu semejante no te apartes?
Entonces brotará tu luz como la aurora,
y tu herida se curará rápidamente.
Te precederá tu justicia,
la gloria de Yahvé te seguirá.
Es el hombre. No son las instituciones. No es Dios.
No es la Iglesia. El hombre abatido; el hombre que llora;
el hombre desconcertado, el hombre sólo en la multitud;
el hombre sin trabajo y sin pan; aunque sea un hombre borracho,
aunque haya pecado.
Dejemos a la Divinidad en su trono. No necesita de nosotros.
Y para que nadie se ofenda, yo soy de los antiguos: cuando
Digo hombre, digo mujer.