DIEZ MINUTOS EN SILENCIO
Diez minutos en silencio
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Salmo 88
Dijo Yahvé:
“Encontré a David mi siervo
y lo he ungido con óleo sagrado.”
La dirección del reino se corrompió,
poco a poco. Yahvé se cansó.
“Pero tú, encolerizado con tu Ungido,
lo has rechazado y desechado;
has roto la alianza con tu siervo.”
Eso ocurrió en el Antiguo Testamento.
En el Nuevo Testamento,
¿no puede ocurrir algo parecido?
¿Seguirá Yahvé encolerizado con el Ungido?
¿habrá “embotado la espada”
haciendo ineficaz su trabajo?
Sigo yendo a misa. La vulgar misa de una vulgar parroquia.
Oigo la homilía. El “sermón” dominical.
Los ungidos están embotados.
El pueblo entra aburrido.
El pueblo sale aburrido.
Alguien me dice con ingenuidad: ¿Por qué no suprimen la homilía?
No es sólo la espada. Es todo el templo el que está embotado.
¡Y quieren cerrar la parroquia de S. Carlos Borromeo!