DIEZ MINUTOS EN SILENCIO   

                             
             

 

                             cristianos siglo veintiuno
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Diez minutos en silencio

12

Cántico de Habacuc

3,17,19

 

 

Aunque la higuera no echa yemas,

y las viñas no tienen fruto,

aunque el olivo olvida su aceituna

y los campos no dan cosechas,

aunque se acaban las ovejas del redil

y no quedan vacas en el establo;

yo me alegraré con el Señor,

me gloriaré en Dios mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,

él me da piernas de gacela,

y me hace caminar por las alturas.

 

 

Lo has conseguido, Señor.

Alguien te ama y se fía de ti, sin nada a cambio.

Se lo está jugando todo a una carta.

Ya no eres un Dios mercancía.

No eres un cajero automático.

¿No era eso lo que todo padre desea: ser amado sin tener que preparar el cambio?