DIEZ MINUTOS EN SILENCIO   

                             
             

 

                             cristianos siglo veintiuno
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Diez minutos en silencio

 

Es difícil, y sencillo.

Es imprescindible, y prescindible.

Es creíble, e increíble.

Es cosa de la fe, y cosa de la razón.

Lo más serio, y puede producir hilaridad: Quedarse en silencio y sentirse cerca de Dios.

 

¿Responde este sentimiento a una realidad objetiva? ¿Sueña el hombre cuando dice sentir la cercanía de Dios?

 

En verdad, no encontrarás en el mercado ningún mecanismo de medida para detectar la cercanía de Dios. Por tanto, no pretendas “demostrarlo”. En terreno de la fe, o se tiene o no se tiene. Ahí radica su debilidad. La fe es algo muy débil que se vive y defiende con una enorme fuerza. Provoca en algunos, hasta chufla; en otros, admiración e incluso envidia.

 

Dios tiene su atmósfera. La paz. Una especie de luz blanca que no ilumina nada físico, ni tocable, ni audible.

Pero es real la posibilidad de sentir la cercanía de Dios. A Dios nadie le comprende. Pero su atmósfera invade.

No sólo a los místicos. Lo místico puede ser campo para sicoanalistas.

 

Hablo del Dios de los sencillos. El Dios de los pobres. El Dios del pecador. El Dios de los que aprendieron a callar. Hace falta mucho silencio para dejarse acariciar por esa atmósfera. El idioma del silencio es el idioma más difícil. No es producto del estudio.